1-      INTRODUCCION

 “Villalaco es muy antiguo”.  De esta forma, sencilla y firme, comenzaba el Rvdo. P. Anacleto Orejón y Calvo hablando de Villalaco en su obra “Historia de Astudillo y del convento de Sta. Clara”. (1)

Don Anacleto, que llegó a Canónigo Lectoral de la Santa Iglesia Catedral de Palencia, publicó su obra en 1917, siendo reeditada por la Diputación Provincial de Palencia en 1983 por el interés que esta obra suscitaba en cuanto a la recopilación de datos históricos, noticias y costumbres, no solo de Astudillo, sino también de los pueblos que formaron su Alfoz. (2)

Don Anacleto no era un experto historiógrafo (historiografía: ciencia que estudia el estudio bibliográfico y crítico de los escritos sobre historia y sus fuentes, y de los autores que han tratado de estas materia),sin embargo al tratar sobre los orígenes de Astudillo trató de documentar y probar su existencia en el siglo X con la documentación que por entonces pudo tener a su alcance.

No hayó ningún documento que justificara la existencia de Astudillo en el siglo X. Sin embargo apuntaba dos indicios que serían suficientes para ello. Por un lado “la conducta del conde Fernán Mentalez”  que pobló estas tierras entorno al año 950 (3) y por otro que Villalaco existía ya en el siglo X. (4)

La existencia de Villalaco en siglo X la documentó don Anacleto por la escritura LXX referente al monasterio que por entonces existía en las inmediaciones de Valbuena de Rio Pisuerga. En este documento se hacía un deslinde de los términos de dicho monasterio y así en este deslinde se hace la siguiente mención: “et reventitur ad  Aquilone per Villalaco populatione”.

Esta nota de D. Anacleto en su Historia de Astudillo, desde su publicación, ha sido ampliamente difundida en el transcurso de los años, estando recogida la mención del citado documento en todos aquellos escritos que versan sobre los orígenes históricos de Villalaco. Don Anacleto  lo dató en el año  “872” (??) (5).

Por la importancia que tenía este documento para la región, copió en su obra sobre la historia de Astudillo el deslinde en cuestión. (6)

El interés por estas notas que Don Anacleto Orejón Calvo escribió en su obra, sigue vigente y su aportación sirve para documentar históricamente el pasado, no solo de Astudillo si no de Villalaco y los términos que se citan en el deslinde del documento en cuestión. Es por ello que localizar ese documento fue la labor que llevó a la elaboración del presente artículo, cuyas conclusiones aquí se exponen.

 

2-      FRANCISCO DE BERGANZA

 Don Anacleto no transcribió correctamente las fuentes de su información. El autor de la nota que encontró no era Berlanga. Realmente se trata de Fray Francisco de Berganza y Arce, conocido como Padre Berganza.

Francisco de Berganza nació en 1661 en el término de Valle de Santibáñez a 20 km de Burgos y falleció en Madrid el 29 de Abril de 1738. Fue un religioso e historiador español, abad del monasterio Benedictino de San Pedro de Cardeña desde el año 1721 y General de la Congregación Benedictina desde 1729. Fue nombrado por Felipe V Teólogo de la Real Junta del misterio de la Purísima Concepción. Pero si es bien conocido todavía hoy en día es por las obras que dejó escritas. Fue uno de los más documentados historiadores de Castilla. (7)

El insigne historiador Menéndez Pelayo lo consideró nombrándolo como “lumbrera intelectual de su siglo, pues logró aportar una importantísima documentación para poner de manifiesto muchos errores de apreciación de hechos históricos forjadores del origen y desarrollo de Castilla y de España en su unidad”.

Fue un historiador pionero que alejándose de la tradición y basándose en el estudio del documento, practicó en pleno siglo XVIII un innovador modo de hacer historia. Publicó en 1719 el primer tomo de la obra Antigüedades de España propugnadas en las noticias de sus reyes, en la crónica del Real Monasterio de San Pedro de Cardeña, en historias, cronicones y otros instrumentos manuscritos que hasta ahora no han visto la luz pública, y en 1721 el segundo tomo de su obra.

En esta obra hace un gran alarde de conocimiento de la Historia de Castilla. Recoge noticias de los Reyes Godos de Castilla, Martirio de los 200 monjes de Cardeña, la historia del primer conde de Castilla Fernán González y los demás condes de castilla, abades de cardeña y sus noticias, historia del Cid junto con otras noticias históricas de Cardeña y sus abades hasta la época de Alfonso VI. Incluyó en su obra un Apéndice en el que transcribió 201 documentos, varios cronicones o anales y otros textos sacados de códices de Cardeña y Silos.

Son precisamente estos apéndices publicados en Antigüedades de España de Francisco de Berganza y en concreto los 201 documentos, los que han servido de estudio, sobre todo desde la segunda mitad del siglo XX, para documentar críticamente la historia del Condado de Castilla y los que dan valor a su obra.

Los documentos originales, más de mil según Berganza, que tan celosamente se guardaron en los cajones del archivo del Monasterio de Cardeña desde el siglo IX, desaparecieron en su totalidad tras la desafortunada desamortización de Mendizábal.

Perdidos los documentos originales que sirvieron para la elaboración de la obra de Berganza, solo ha sido posible conocer sus contenidos por las transcripciones que se hicieron en diversos momentos de la historia del monasterio cuando los documentos originales estaban todavía a su disposición.

Una de esas transcripciones fue la que se hizo en el llamado Libro de Tablas, llamado así por estar encuadernado entre tablas y que hoy se encuentra también desaparecido.

Las transcripciones que hoy en día se conservan son:

  • Las del Becerro Gótico de Cardeña realizadas en el siglo XIII y que se conserva en Madrid en la Biblioteca de Francisco Zablaburu
  • Las realizadas en la Crónica General de la Orden de San Benito de fray Antonio de Yepes publicada entre 1607 y 1618, y
  • Los documentos publicados en las Antigüedades de España de Francisco de Berganza en 1721, ya citados.

La insigne obra del padre Berganza es continua y profusamente citada en la actualidad, para documentar la historia  de numerosos pueblos y personas que en estas escrituras se nombran, sirviendo de fuente histórica sobre todo entre el siglo X y XII.

Localizada la obra citada por Don Anacleto Orejón, se pudo acceder al documento en cuestión, causa del presente estudio. Resultó que el año de datación aportado por Don Anacleto no es el de 872. (8)

La Escritura de unión del Monasterio de San Miguel de Valbuena está fechada en la transcripción de Berganza como “ Era M.X.” (9)

La Era MX corresponde al año 972. Por “Era” entendemos Era Hispánica, y es la forma de contar los años que se utilizó en la Península hasta bien entrado el siglo XIV. Tiene su comienzo para contar los años en el año 38 antes de Cristo, fecha establecida por la pacificación definitiva de la Hispania por parte de los romanos.

Queda pues justificado todo lo referente a las observaciones que Don Anacleto apuntó, y sobre la importancia de este documento, su antigüedad y el momento histórico en el que supuestamente fue redactado.

La obra del padre Berganza aporta, además del documento del que hablamos, la Escritura LXX, una reseña interesantísima sobre el monasterio de San Miguel de Valbuena que resulta esclarecedora. Así, en la página 274 del tomo I se puede leer:

“Los mismos Condes en el dicho día anexaron a esta Casa el Monasterio de San Miguel de Valbuena del rio Pisuerga, con todo quanto le pertenecía; y dieron facultad, para que en los términos de dicho monasterio pudiese el de Cardeña poblar Lugares sin la limitación, que el Conde Fernan Gonzalez puso a nuestro Monasterio, cuando concedió la población de San Miguel de Xavilla; y hace libres a los pobladores de todo género de tributo, si se esmerassen en explicarse devotos a Dios y al Apostol S. Pedro, y promptos en executar las ordenes del Abad de Cardeña.

El maestro Yepes dio a la estampa este privilegio, que salió de ella con algunas erratas. La fecha es del once de Julio del dicho año; y las firmas son las mismas, que se hallan en el privilegio antecedente. Este Monasterio de San Miguel estaba más cerca de Castro-Xeriz, que del lugar de Valbuena, y distante del lugar de Inestrosa cien passos: fue Iglesia Parroquial del Lugar que hoy está despoblado, y el Monasterio está reducido a una pobre Ermita.

En este Monasterio estuvo sepultado Don Ramiro, hijo del Rey Don Alfonso el Magno, que como dijimos tuvo voz de Rey. Fueron trasladados sus huesos a nuestro Monasterio de Cardeña”. (10)

Los Condes a los que se refiere la nota anterior son García Fernández hijo del mítico Fernán González  forjador del Condado de Castilla, y su mujer la condesa doña Ava, cuyos restos se conservan en el Monasterio de San Pedro de Cardeña.

Más adelante volveremos sobre esta reseña para su análisis, pero al llegar a este punto resulta antes decisivo hablar del Monasterio de San Pedro de Cardeña para enlazar la escritura en cuestión: la unión del Monasterio de San Miguel de Valbuena con el Monasterio de San Pedro de Cardeña y el deslinde que allí se hace.

 

3-      EL MONASTERIO DE SAN PEDRO DE CARDEÑA

 Las tradiciones históricas de este monasterio  empiezan narrando que este monasterio inició su actividad espiritual en la época visigoda y que su fundadora se llamaba Sancha quien enterró en este cenobio a su hijo Teodorico y lo puso bajo la advocación de San Pedro y San Pablo.

Una leyenda, pintoresca y anecdótica, que perduró hasta el siglo XVIII y que hoy todavía subsiste, relaciona a Doña Sancha como esposa del rey godo Teodorico, la cual habría edificado y dotado el monasterio en el mismo lugar en el que falleció repentinamente su hijo Teodorico en el año 537.

No existe prueba alguna documental de ello, ni tampoco que pruebe la tradición oral de que el Monasterio de San Pedro de Cardeña fuera fundado por monjes benedictinos enviados desde Monte Casino (Italia), por el mismo San Benito en el año 534. Sin embargo, la verdadera fundación o si se prefiere refundación de este monasterio, ha sido recogida en los anales más antiguos de Castilla.

El P. Enrique Florez recoge en su obra España Sagrada, volumen 23, en 1767, los Anales Compostellani, llamados así por haberse conservado en el códice de la Catedral de Santiago de Compostela, donde escribe: “Anni 899 (Era DCCCCXXXVII) fuit Cardeña populata”.

La misma noticia es recogida en Cronicón de Cardeña señalando al rey Alfonso III de León como poblador de este Monasterio. (11)

La repoblación de este territorio se produce en torno al año 884, fecha en la que el Conde Diego Rodríguez Porcelos puebla y ocupa el cerro donde se alzó el Castillo de Burgos, cabeza del Condado de Castilla y tan solo 15 años más tarde, Alfonso III erigía el Monasterio de Cardeña situado en Castrillo del Val a 10 km de Burgos.

Estos orígenes hacen de Cardeña el monasterio más importante del condado castellano en el siglo IX y X.

En el año 934 sufre su destrucción por una aceifa musulmana y la muerte de sus moradores con 200 monjes martirizados. Fueron canonizados en 1603 y conocidos como Los Mártires de Cardeña.

Cada año, el 6 de agosto, aniversario del martirio, la tierra del claustro donde fueron sepultados los mártires, se teñía de un color rojizo que parecía sangre. El milagroso prodigio, ampliamente testificado, se repite hasta finales del siglo XIV.

Su importancia acrecienta cuando en el año 995 su iglesia se ve convertida en panteón condal al recibir los restos del Conde García Fernández, muerto a consecuencias de las heridas sufridas en combate frente a las huestes de Almanzor, y los de la esposa del conde, la condesa doña Ava, ambos grandes benefactores de este monasterio.(12)

La fama aportada al monasterio por los 200 mártires de Cardeña y la fama aportada por el panteón condal, se enriquecerá de forma definitiva hasta nuestros días cuando en el año 1102 su iglesia servirá también de panteón al recibir los restos del Cid traídos desde Valencia. En palabras del P. Gonzalo Martínez Diez, “Cardeña se convertirá en el relicario cidiano por excelencia, y sus monjes en sus oraciones y en sus trabajos eruditos conservarán viva la memoria del héroe”. (13)

Dentro del marco económico-social de la Castilla medieval el modo predominante de producción fue el feudal y se caracterizó por ser predominantemente agraria.

Cardeña no es solo el monasterio y sus tierras anejas o más próximas. El Dominio monástico de San Pedro de Cardeña (conjunto de tierras dispersas adquiridas por el monasterio bien por donación bien por compra o trueque) constituye una unidad característica de explotación feudal, en el que la propiedad territorial pertenecía al monasterio y los trabajadores tenían sobre la tierra solo derechos de uso y ocupación. La explotación de este dominio obteniendo sus rentas es lo que permite el sostenimiento del Monasterio y su dotación.

La formación del Dominio de Cardeña nació en el proceso geopolítico de la reconquista y la subsiguiente colonización. En ambos procesos “la comunidad monástica se nos presenta como el medio más propicio para la repoblación y colonización. Gracias a ella era posible encontrar cooperación humana y el atuendo material necesario en un país donde había que crearlo todo(14). 

Sobre las tierras castellano-leonesas, al compás del avance repoblador y colonizador, se irán construyendo numerosos cenobios e iglesias.

En la fundación de iglesias y cenobios participaron por igual los obispos y los abades o los simples clérigos, lo mismo que los reyes y los magnates o los más humildes fieles. La fundación de una iglesia o monasterio se estima como un salvoconducto que asegura la llegada al cielo. Se estimaba en aquellos tiempos también obra piadosa y digna de premio eterno.

Es decir, quienes tuvieran la capacidad económica de hacer la fundación, redimían los pecados y cuanto mayor era su capacidad económica, mayor o más rica era la dotación de la fundación.

Por otro lado las raíces de este proceso de incorporaciones de iglesias y cenobios al monasterio hay que buscarlas, además, en motivaciones y circunstancias, económicas, sociopolíticas y jurídicas más complejas. Una de estas circunstancias es la que atañe a la Escritura de unión del Monasterio de San Miguel de Valbuena, que veremos más adelante al hablar de la exención del pago del diezmo (15).

Entre el año 902, fecha en la que se constata la primera donación conocida a los monjes de San Pedro de Cardeña, hasta el año 1329 en que se realizó la última, aparecen registradas 257 operaciones entre donaciones compraventas y permutas, llegando a tener heredades en 194 lugares distintos. La mayor parte de esas operaciones se producen en los dos primeros siglos de la existencia del monasterio.

Durante el siglo XI las fronteras del dominio alcanzan sus puntos extremos. Por la Parte occidental se llega al rio Pisuerga donde tierras, iglesias y monasterios son incorporados a su dominio. Así, los monasterios de Rezmondo, Olmos de Pisuerga, Hinestrosa, San Miguel de Valbuena, y propiedades en Aguilar de Campoo, Zarzosa de Riopisuerga, Támara, Valdeolmos, Cordovilla,  hasta Cubillas de Cerrato, conforman esta frontera occidental en la línea del rio Pisuerga(16).

En este marco de crecimiento y expansión del dominio del Monasterio de San Pedro de Cardeña durante los dos primeros siglos desde su fundación tenemos que situar La Escritura de unión del Monasterio de San Miguel de Valbuena con el Monasterio de San Pedro de Cardeña.

Este pequeño estudio del alcance de las riquezas del dominio de Cardeña, a propósito de las donaciones de iglesias, monasterios rurales y propiedades, está relacionado con la función que desempeñan en su territorio, y el significado en el quehacer colonizador del agro castellano en aquellos primeros siglos de reconquista y repoblación. Sin este análisis difícilmente podríamos comprender el significado del documento en cuestión.

 

4-      EL MONASTERIO DE SAN MIGUEL DE VALBUENA

La noticia más antigua que tenemos de la existencia de este monasterio es el documento que aquí se estudia y que analizaremos más adelante.

Este monasterio, lo mismo que los demás que se incorporaron al dominio de Cardeña, y lo mismo que en un gran número de ellos pertenecientes a otros dominios, como los de San Zoilo de Carrión, San Pedro de Arlanza, Silos, etc.. , no eran si no pequeñas capillas, de dimensiones reducidas, construidas con materiales tomados del terreno, las mejores en piedra (17).

Lo poblaban solo dos monjes, un prior y un compañero (18).

Para hacernos una idea de las dimensiones de cómo fue podemos remitirnos a las escasas iglesias que de esa época hoy se conservan en pie. No sería mayor que la Ermita de San Pelayo de Perazancas, que está reconstruida en 1076 sobre otra anterior del siglo IX, con el mismo perímetro que la derruida, y recrecida aprovechando algunos elementos de la anterior construcción como la portada, de estilo mozárabe.

Las noticias documentadas sobre el monasterio de San Miguel de Valbuena son las siguientes:

  • En el “Libro de Cuentas de 1338”, conservado en el Archivo de Santo Domingo de Silos en copia de 1639, los monjes de San Pedro de Cardeña percibían rentas del monasterio de San Miguel de Valbuena por valor de 300 maravedís (19).
  • Don Ramón Menéndez Pidal , con fecha 30 de Noviembre de 1917, recoge en el Boletín de la Real Academia de la Historia (tomo LXXII, página 188), una breve descripción de “El Códice de San Pedro de Cardeña” . El códice acababa de ser adquirido a través de un librero de Burgos en aquel año de 1917 y que habría sido sustraído del monasterio de Cardeña tras su desamortización en 1835.

Este códice también ha sido estudiado por el P. Gonzalo Martínez Díez, Catedrático Emérito de Historia del Derecho y una autoridad en la    materia, que me ha facilitado su colaboración en varios estudios.

El códice realmente es un Breviario, o bien libro abreviado destinado a ser utilizado para el rezo privado del oficio divino por los monjes impedidos por cualquier causa de asistir en comunidad al rezo solemne del mismo oficio divino en el coro. El breviario ocupa hasta el folio 431 de los 439. El folio 431 y los restantes folios fueron utilizados para añadir una serie de piezas, 6 en concreto. La primera descrita como “Memoria de los personajes sepultados en Cardeña, año 1463”.

Esta primera pieza posterior a la parte que ocupa el Breviario, data de 1463 y se redacta por orden del Abad don Pedro del Burgo. Es una memoria de los reyes, reinas, condes y caballeros notables que habían sido sepultados en el monasterio de San Pedro de Cardeña. La redacción de esta memoria vino motivada por el derribo en esas fechas de la vieja iglesia. Ante la desaparición de muchas de esas sepulturas y para que no pereciera la memoria de los reyes, condes y caballeros, se ordenó que sus nombres se pusieran por escrito.

En este Breviario conservado en la Real Academia de la Historia, tras la reseña de la fundadora doña Sancha y su hijo Teodorico y antes que el resto de la relación de nombres de los allí sepultados, podemos leer:

“…Está aquí enterrado el rrey don Ramiro de León, el cual fue traído a esta casa de San Miguel de Balbuena”(20).

  • Vimos anteriormente que el P. Francisco de Berganza recopiló en el tomo I de sus “Antigüedades de España” editado en 1721, una breve descripción de este monasterio con la documentación que por aquella época se conservaba todavía en Cardeña, existiendo todavía por entonces el monasterio y por tanto, percibiendo Cardeña rentas de las propiedades que tenía este monasterio en Valbuena. Termina diciendo:

 ”… y el Monasterio está reducido a una pobre Ermita”  

En el tomo II, en la página 410 publicó la Escritura LXX (21).

  • En el Catastro del Marqués de la Ensenada del año 1752 todavía se recogían frutos de las tierras que en Valbuena poseía el Monasterio de Cardeña, de los cuales no se pagaba el “diezmo” (22).
  • En el año 1917 se publica la “Historia de Astudillo” de don Anacleto Orejón, donde dice: “El monasterio estaba en las inmediaciones de Valbuena de Rio Pisuerga, en el pago denominado hoy San Miguel, donde se han encontrado recientemente algunos sepulcros” (23).
  • En el año 1930 La Diputación de Palencia publica el “Catálogo Monumental de la Provincia de Palencia”, donde se recogen además las noticias y recuerdos que se conservan en cuanto a sus monumentos. Así, en el caso de Valbuena leemos:

“… existen ruinas de un Convento dedicado a San Miguel, en el término municipal, en cuyo terreno se hallan sepulcros bien conservados, de toda clase de estaturas. El Convento de San Miguel era de benedictinos del Císter, que fue agregado a San Pedro de Cardeña y cuyos bienes se vendieron cuando la exclaustración  como propiedad de Cardeña. Las sepulturas de que se ha hecho arriba referencia presentan tapas sin inscripciones ni adornos. No se hallan documentos de este Monasterio” (24).

 

5-      El REY RAMIRO DE LEÓN

Si hay una crónica que se repite en los documentos que se conservan del monasterio de San Pedro de Cardeña, es la que hace relación al enterramiento en Cardeña de un rey Ramiro de León y que sus huesos fueron trasladados desde el monasterio de San Miguel de Valbuena. Además, por su antigüedad, cronológicamente se transcribe esta crónica detrás de la que hace referencia al enterramiento de doña Sancha, fundadora de Cardeña, y la de su hijo Teodorico.

En el mismo Breviario que se conserva en la Real academia de la Historia y del que antes hablamos, tras la primera pieza detrás de la parte que ocupa el Breviario que veíamos antes que era de 1463, la segunda pieza o fragmento son unas “Memorias domésticas de Cardeña, año 1327”, donde dice:

Estos son los omnes buenos que ya-zen enterrados en este monesterio: El rey don Ramiro de León, …”

Ya vimos también al hablar de este mismo breviario que esto mismo vuelve a decir en su primera pieza “Memoria de los personajes sepultados en Cardeña, año 1463” y que sus restos fueron traídos de San Miguel de Valbuena. Esta memoria  se puso por escrito cuando fue derribada la iglesia antigua para construir la iglesia gótica.

En 1566 el número de de sepulturas que ocupaban  la superficie de la iglesia gótica de Cardeña era tal que incluso estorbaban para la circulación, por lo que se recolocaron al lado izquierdo del crucero y así lo describe Berganza tal cual lo conoció en 1721 cuando escribe su obra. Berganza hace una relación de las sepulturas y con el número 8 dice que lo ocupa “Don Ramiro rey, hijo del rey don Alonso el Magno…Este príncipe fue sepultado en el monasterio de San Miguel de Balvuena, cerca de Castrojeriz, y de allí fue trasladado a nuestro monasterio y puesto en medio de la capilla mayor de la iglesia antigua…

En 1735 se decide construir una nueva capilla para albergar los sepulcros del Cid y de doña Jimena, trasladándose a dicha capilla todas las sepulturas anteriores desplazadas, emplazándolas en los muros de un lado y del otro de la capilla. Así es como hoy podemos contemplar esta capilla, con  26 cartelas que sugieren la presencia de otros tantos nichos y el sepulcro del Cid labrado en piedra en 1272 en el medio de la capilla.

La pretensión del monasterio de San Pedro de Cardeña de conservar entre sus muros más de una veintena de tumbas de personajes relacionados con la vida y hazañas de Rodrigo Díaz de Vivar no es ninguna invención moderna, si no que se apoya en una secular tradición, documentada ya en el siglo XIV, pero que probablemente tuvo su eclosión y configuración en el siglo XIII con ocasión de las compilaciones históricas del rey Alfonso X el Sabio, que reavivó el interés por todo lo referente a la persona del Cid (25).

Pero el que una tradición cuente con varios siglos de antigüedad y pervivencia no es garantía de verdad histórica; este principio es plenamente aplicable a una buena parte de las treinta y seis sepulturas, que las memorias de San Pedro de Cardeña a partir del siglo XIV han presentado ya como existentes y que tras varios traslados han sido celosamente conservadas entre los muros del monasterio.

De esas treinta y seis sepulturas, quince son personajes dotados de existencia real, o que realmente existieron, y veintiuna son personajes de ficción, o cuya existencia es pura ficción como producto literario o resultado de leyenda y tradiciones sin fundamento, por lo que sus enterramientos son más falsos aún.

El que 15  de esos personajes sean reales no significa tampoco en modo alguno que fueran sepultados y tuvieran sus respectivos sepulcros en la iglesia o dependencias del monasterio de San Pedro de Cardeña.

Solamente constan positivamente como verdaderos los enterramientos del conde García Fernández y de Rodrigo Díaz de Vivar, siendo muy probable que sus mujeres, doña Ava y doña Jimena se hicieran sepultar junto a sus respectivos esposos.

En cuanto al rey Ramiro en cuestión, supuestamente enterrado en Cardeña y cuya cartela hoy podemos ver colgada en el muro izquierdo de la Capilla del Cid,  nos lo cuenta todo el Padre Berganza en sus Antigüedades de España, tomo II, página 183:

Don Ramiro, hijo del Rey Don Alonso el Magno, fue Rey de Asturias en tiempo de su hermano el Rey Don Ordoño. El Padre Carvallo cita un testimonio de Lotario, que dize que Don Ordoño aviendo puesto su Corte en Leon, alargó el Gobierno de Asturias a su hermano Don Ramiro: Qui solio suo in Legione posito, Principem Asturibus dedit Ramirum. En el Archivo de Sahagun he visto dos donaciones, que hizo este Principe a aquella Casa, intitulándose Rey, la una es del año de quince, y la otra del de diez y seis del siglo de novecientos.

Hizo memoria destos favores el Maestro Perez en su Historia manuscrita de Sahagun.En el privilegio, que el Rey Don Ordoño concedió a la Catedral de Santiago en veinte y nueve de Enero de Novecientos y quinze, se lee la firma de Don Ramiro, intitulándose Rey. Firmaron también los Infantes Don Alonso, Don Ramiro, y Don Sancho, hijos del Rey Don Ordoño: en que se conoce, que Don Ramiro, que se intituló Rey, era hijo de Don Alonso Magno. Ambrosio de Morales cita un privilegio de este Rey Don Ramiro, concedido a la Catedral de Oviedo en veinte y tres de Septiembre del año de novecientos y veinte y seis, y asegura, que en el principio dél se nombra Rey, e hijo del Rey Don Alonso, y de Doña Ximena. No sabemos en qué año murió este Principe de Asturias: pero constanos, que fue sepultado en el Monasterio de San Miguel de Valbuena, que estaba en la jurisdicción de Castro-Xeriz, cerca del rio Pisuerga: y que cuando el Conde Garci Fernandez unió este Monasterio al de Cardeña, fue su Cuerpo trasladado al Ciminterio de nuestra Iglesia, y después colocado en medio de la Capilla mayor. El Padre Carvallo hizo juicio, que fue sepultado en Oviedo, y describe el epitafio. Yo tengo una memoria de los Reyes, que descansan en aquella Catedral, y una copia de los epitafios, y del que parece cita este Autor, dize: La sepultura, que está fuera, debaxo de las escaleras por do suben al aposento del Rey Casto, no se puede leer mas de Obijt pridie Kal. Aprilis. Hic requiescit. Era DCCC.LX.VII. Lo mismo dize Ambrosio de Morales”.

Pues bien el P. Berganza mostraba ya sus dudas anotando que existían dos enterramientos para este Rey Ramiro, uno en Cardeña y otro en la Catedral de Oviedo.

Don Gonzalo Martínez Díez apunta en su obra “El condado de Castilla (711-1038): la historia frente a la leyenda”, página 300, que este Rey Ramiro también pudiera ser el padre de la condesa Muniadonna, esposa del conde Gonzalo Fernández y madre de Fernán González, este a su vez padre del conde García Fernández, que es el que verdaderamente está enterrado en Cardeña. Esta conjetura sería posible si nuestro Ramiro hubiera sido un hijo ilegítimo habido en la juventud de Alfonso III. Esta nota de ilegitimidad explicaría también el hecho de que hubiera quedado excluido de la sucesión al trono leonés en el trance de la guerra civil por el trono entre los descendientes de Alfonso III el Magno tras la muerte de éste, y que su intitulación como rey de Asturias durante el período de guerra civil entre sus hermanos y sobrinos haya sido más simbólica que efectiva. Los documentos que describe Berganza intitulándose Ramiro, hijo de Alfonso III, como rey de Asturias, corresponden al momento en que reinan en León su hermano Ordoño II y el hijo de éste, su sobrino Alfonso Froilaz.

Esto en cuanto a un Ramiro hijo de Alfonso III el Magno, pero su pista se pierde cuando se le titula en el cenotafio de Cardeña como rey de León, cuando, si lo fue, lo fue de Asturias como él mismo se intitula.

Otras propuestas a este rey Ramiro como rey de León son la del famoso rey Ramiro II, sobrino de éste, e hijo de su hermano Ordoño II, pero de su enterramiento tampoco hay dudas que fue en León, hecho que fue público y conocido en aquella época. Ni tampoco Ramiro III.

Los monjes de Cardeña con seguridad no se refieren a éste porque en el documento de donación de San Miguel de Valbuena saben que figura al final: “Era MX. Regnante rex Ramiro in Legione”, vivía y reinaba en León el rey Ramiro III. Se refieren en Cardeña al Ramiro anterior descrito, hijo de Alfonso III.

Otro Ramiro al que hay que mencionar en el hermano del conde  Fernán González y tío por tanto del conde  García Fernández, que es quien realiza la donación del monasterio de San Miguel de Valbuena al de Cardeña.

Según la opinión de don Gonzalo Martínez Díez, lo más probable es que detrás de la mayor parte de las lápidas de la capilla del Cid en Cardeña no haya nada, y que se traten de simples cenotafios. No tiene para él ninguna credibilidad que el enterramiento del Rey Ramiro del que hablamos esté en esta capilla. La tradición de este enterramiento surge en el siglo XV con el fin de aumentar la fama de este monasterio como panteón real y con este mismo fin, los monjes se esforzaron por reunir el mayor número de recuerdos y memorias cidianas, “sin parar mientes a distinguir entre auténticas sepulturas y cenotafios o memorias funerarias”.

Los motivos por los que los monjes de Cardeña llevaron a atribuirse un enterramiento de un rey Ramiro de León e hijo de Alfonso III, nos son completamente desconocidos y no dejan de ser un conjunto de dislates e ignorancia histórica.

El Ramiro hijo de Alfonso III no aparece documentalmente ya en el año 929, fecha de la lauda sepulcral descrita por Berganza. Si verdaderamente fue enterrado en el convento de San Miguel de Valbuena se estaría retrasando la existencia de este monasterio a unos tiempos tan remotos como poco creíbles.

Quizás la falsedad de este enterramiento no sea más que una justificación para vincular los orígenes genealógicos de los condes de Castilla con la monarquía Asturiana, heredera a su vez de la visigoda. Además, tampoco se puede descartar que esta leyenda surgiera al poseer Cardeña los restos de algún personaje histórico que fuera primeramente enterrado en San Miguel de Valbuena, después trasladado a Cardeña, y que el recuerdo de este personaje se perdiera. Más tarde se utilizaría este enterramiento en Cardeña, sobre todo a partir del siglo XV, como medio de engrandecimiento del monasterio como panteón real, asignándolo a un rey Ramiro hijo de Alfonso III.

Con los medios actuales, resulta interesante e intrigante resolver este enigma, abrir este cenotafio del rey Ramiro en  Cardeña, ver si realmente hay restos humanos, analizarlos, extraer el ADN y compararlo con el de Alfonso III enterrado en Oviedo o el de Ordoño II, o alguno de sus supuestos parientes enterrados también en Oviedo, o bien con los restos de García Fernández enterrado en Cardeña o los de Fernán González. Para algunos autores, es una pérdida de tiempo.

 

6-      HISTORIA DE UN DOCUMENTO APÓCRIFO O FALSO

Todo lo anterior ha servido de preámbulo y justificación para entender y llegar al estudio del documento en cuestión: La escritura LXX de unión del monasterio de San Miguel de Valbuena con el de Cardeña, publicada por Berganza en 1721.

Esta publicación de Berganza es la única transcripción de este documento que ha llegado a nuestros días, junto con la de Yepes en el siglo anterior,  pero siendo la de Berganza más fiel y cuidadosa.

El documento original, que tuvieron en sus manos los monjes desde por lo menos el siglo XII, fue primeramente transcrito al Libro de Tablas en el siglo XIII. Y Tanto Antonio de Yepes en el siglo XVII como Francisco de Berganza en el XVIII lo transcribieron a sus obras, bien a partir del Libro de Tablas, bien con el original delante.

Los salvajes vientos para el patrimonio histórico, el arte y la cultura en general,  de la desamortización de 1835, no solo aventaron los códices que durante siglos se guardaron y conservaron celosamente en los cajones de la biblioteca monacal de San Pedro de Cardeña, si no que acabaron hasta con el último de los más de mil diplomas conservados en  el archivo del monasterio desde el siglo IX. Hoy no disponemos ni de un solo pergamino medieval, original o copia del que un día fuera el riquísimo archivo de San Pedro de Cardeña.

El Resumen de este documento es el siguiente:

“11 de Julio de 972. Donación del Conde García Fernández y su mujer Ava a Sebastián, abad del monasterio de Cardeña, del monasterio de San Miguel de Valbuena a orillas del rio Pisuerga al sur del territorio de Castrojeriz, amojonando su territorio. Concede fueros especiales para los que se refugien en términos con ánimo de poblar y asentarse, declarando las tierras libres e inmunes del pago de cualquier composición y de entrada de funcionarios reales o señoriales quedando en adelante únicamente bajo la potestad del abad, prohibiendo cualquier aprovechamiento a los extraños.”

En el amojonamiento del territorio de este monasterio de san Miguel de Valbuena es donde aparece Villalaco y otros poblamientos desaparecidos probablemente en los siglos XII al XIV, como Alcocero, Vascones y Cellestes:

“… et tingit in aqua pro directe et transmeat aqua per via, quae vadit ad Alcocero ipsoque Abtero, et revertitu ad aquilone per Villalaco populatione, et per directe via usque villa Vascones…” (26)

“…y mojándose en el agua a derecho y pasa atravesando el agua a la vía que se dirige a Alcocero y después gira hacia el Norte por el pueblo de Villalaco , y va directamente hasta la villa de Vascones…”

Alcocero fue recientemente localizado en el término de “Támara”, en terrenos de Villalaco, al descubrirse una necrópolis en el transcurso de entubamiento de la reguera.

Los modernos estudios historiográficos por diversos autores han calificado este documento de falso o apócrifo.

Tanto don Gonzalo Martínez Díez en su obra «Colección Documental del Monasterio de San Pedro de Cardeña», Burgos, 1998, como Manuel Zabalza Duque en su obra «Colección Documental de los Condes de Catilla», Valladolid 1998, nos hacen un estudio perfectamente documentado de la escritura en cuestión.

No se tiene dudas de su falsedad y así, ambos autores lo califican de Falso.

Se asegura su condición de apócrifo y su manipulación, de tal manera que los falsificadores desfiguraron su primitivo contenido y su credibilidad, si es que alguna vez existió una escritura de unión(27).

Nos cuenta el Padre Gonzalo Martínez Díez (28) que la elaboración de documentos apócrifos fue una práctica bastante generalizada, que alcanzó en mayor o menor grado a casi todos los monasterios medievales, sobre todo a partir del siglo XI, cuando faltaban las pruebas documentales de algunas de las propiedades que el monasterio poseía.

Esto podía estar motivado por la defensa de sus propiedades frente a posibles ambiciones de la nobleza y magnates sobre sus posesiones. También por la exigencia de presentar pruebas documentales ante los tribunales en pleitos sobre la posesión de sus términos, o bien para justificar la exención del pago del diezmo.

El Libro Becerro Gótico de Cardeña es un cartulario mandado redactar en Cardeña  en 1085 para la conservación y transcripción de su documentación oficial. Se llama así por que sus cubiertas son de piel de cordero. En este cartulario, que se conserva actualmente en la biblioteca Zabálburu en Madrid, no se transcribió la escritura en cuestión de unión del monasterio de San Miguel de Valbuena con el de Cardeña.

Sin embargo si que estuvo transcrita en el Libro de Tablas. Este cartulario se comenzó a redactar poco antes de 1294. Hoy está desaparecido junto con los documentos originales. El P. Berganza trascribió a su obra la escritura de unión del monasterio de San Miguel de Valbuena tomándolo del Libro de Tablas y así lo consignó en el margen.

Todo hace pensar que entre estas dos fechas, la fecha de comienzo de redacción del libro Becerro Gótico de Cardeña y la fecha de comienzo de redacción del Libro de Tablas, se redactó en pergamino el original de nuestra escritura. Don Gonzalo apunta y se ratifica en que la fecha posible de redacción para esta escritura fuera entre finales del siglo XI y principios del XII.

Manuel Zabalza Duque también apunta a estas fechas para su redacción justificándolo cuando en el siglo XI se produce una penetración más efectiva de Cardeña en estas áreas ribereñas del rio Pisuerga, gracias al control del monasterio de Rezmondo y Aguilar y a la adquisición, en 1082 del cenobio de Olmos de Rio Pisuerga.

Que el documento sea falso no significa que todo lo que cuenta sea falso. Así, el deslinde y amojonamiento del monasterio de San Miguel de Valbuena es perfecto. Por otro lado el derecho adquirido de no pagar tributo ni diezmo por el aprovechamiento de sus tierras se mantiene por lo menos hasta el año 1752 según se refleja en el Catastro del Marqués de la Ensenada.

El que el deslinde del Monasterio de San Miguel de Valbuena sea tan preciso hace sospechar que solo se hubiera podido redactar si se tuvo un original delante y que en vez de ser un documento apócrifo, sea un documento interpolado.

Los motivos que hubieran llevado a los monjes a realizar la falsificación podrían ser que nunca existió este documento, o bien que el original hubiera desparecido o deteriorado.

Incluso nada mejor para justificar la exención de tributo que la donación del monasterio la realizasen el Conde García Fernández y su mujer doña Ava. Por otro lado, tampoco se puede negar que esto realmente hubiera ocurrido así. Es decir, todo puede ser, o bien una patraña para justificar la propiedad y la exención de tributo, asignando una fecha y unos donantes que no lo fueron realmente,  o bien si alguna vez existió ese documento y se había perdido, redactar nuevamente uno con la esencia del anterior.

 

7-      COCLUSIONES

Comenzábamos estas notas comentando la justificación que hacía Don Anacleto Orejón en cuanto a la existencia de Astudillo en el siglo X, aportando la Escritura de unión del Monasterio de San Miguel de Valbuena que el Padre Berganza publicó, diciendo que si Villalaco figuraba en ese documento con fecha del año 972, podía suponerse también la existencia de Astudillo en esa fecha o anterior.

Probado por varios autores que el documento en cuestión es falso, tenemos que posponer la fecha en la que Astudillo figura en un documento hasta el año 1035 por un documento que se conserva en el Archivo de la Catedral de Palencia.

El 17 de Febrero de 1035, Vermudo III, rey de León y la reina Jimena, su mujer, reconocen la existencia de la nueva Iglesia de Palencia y concede a ella y a su obispo Poncio los términos de Palencia y los débitos de Avia, Ferrera, Castrojeriz, Amaya, Ecuna, Astudillo, Lavid y Forte Redondo y de toda la región que se extendía hasta los términos de Santillana (29).

Con este documento del año 1035 conservado en la Catedral de Palencia se puede justificar documentalmente, al contrario que hizo don Anacleto, la existencia de Villalaco en el siglo XI al pertenecer Villalaco al Alfoz de Astudillo. Si bien el documento que se conserva en la Catedral de Palencia es una copia algo posterior, el documento se considera verdadero(30).

No por ello, carece de importancia el deslinde en cuestión que se hace en esa escritura del dominio del Monasterio de San Miguel de Valbuena. La mención de poblamientos en los alrededores de Villalaco hoy desaparecidos como Alcocero, Bascones y Cestelles. La inclusión en el dominio de este monasterio de tierras de la vega de Villalaco, al otro lado del río Pisuerga donde se enclava dicho monasterio, la mención de arroyos como el Avantos, el Fernando, el de Solano, el de San Cebrián. La mención al monte de Buena Madre, la existencia de una pesquera y un molino en la desembocadura del arroyo de San Cebrian a la altura del término actual del Pisón, todo ello nos marca una topología perfecta del término deslindado que puede depararnos todavía nuevas sorpresas arqueológicas de los pobladores que hace 1.000 años en esta vega de Villalaco moraban.
 

NOTAS:

 (1)      Anacleto Orejón Calvo, Historia de Astudillo y del Convento de Sta. Clara, Palencia 1983, p. 170

(2)      Anacleto Orejón Calvo, Historia de Astudillo y del Convento de Sta. Clara, Palencia 1983, Introducción

(3)      Anacleto Orejón Calvo, Historia de Astudillo y del Convento de Sta. Clara, Palencia 1983, p. 8 y 9

(4)      Anacleto Orejón Calvo, Historia de Astudillo y del Convento de Sta. Clara, Palencia 1983, p. 8, nota 9: “La existencia de Villalaco en el siglo X, consta por la escritura que publica Berlanga, Antigüedades de España, tomo II, escrit. LXX, pág. 410. Por cierto, que el mismo P. Berlanga (tomo I, pág. 274) dice que el monasterio de que se habla en la escritura, estaba más cerca de Castrojeriz que de Valbuena, lo cual es inexacto, como se ve por el deslinde que allí se hace. El Monasterio estaba en las inmediaciones de Valbuena de Pisuerga, en el pago denominado hoy San Miguel, donde se han encontrado recientemente algunos sepulcros”.

(5)      Anacleto Orejón Calvo, Historia de Astudillo y del Convento de Sta. Clara, Palencia 1983, p. 171

(6)      Anacleto Orejón Calvo, Historia de Astudillo y del Convento de Sta. Clara, Palencia 1983, p. 171, nota 1

(7)      Juan Loperraez Corvalan. Descripción Histórica del Obispado de Osma con el catálogo de sus prelados. Madrid 1788, p. 231-232

(8)      Anacleto Orejón Calvo, Historia de Astudillo y del Convento de Sta. Clara, Palencia 1983, p. 170

(9)      Francisco de Berganza, Antigüedades de España, tomo II, Madrid 1721, p. 410

(10)   Francisco de Berganza, Antigüedades de España, tomo I, Madrid 1719, p. 274

(11)   Enrique Florez, España Sagrada, vol.23, Madrid 1767, p. 370

(12)   Rafael Sancho Domingo. La narración de la memoria histórica y de la tradición: los mártires de Cardeña (Burgos) en la memoria colectiva de la Catilla Medieval. Universidad de Burgos

(13)  Gonzalo Martínez Díez. Colección Documental del Monasterio de San Pedro de Cardeña. Burgos 1998. p. 8

(14)  J. Pérez de Urbel. Los monjes españoles en la Edad Media. Tomo II, p. 280

(15)  Salustiano Morteta Velayos. El monasterio de San Pedro de Cardeña. Historia de un dominio castellano. Universidad de Salamanca. 1997

(16)  Salustiano Morteta Velayos. El monasterio de San Pedro de Cardeña. Historia de un dominio castellano. Universidad de Salamanca. 1997. Ver los distintos mapas en la formación del Dominio

(17)   J. Pérez de Urbel. Los monjes Españoles en la Edad Media. Tomo II p.293. Afirma que el número de comunidades religiosas esparcidas por tierras de Castilla y León se aproximaba al millar, y añade: “En Castilla, cuyo territorio se ha doblado en los últimos años del siglo XI, los condes independientes aseguran sus conquistas y las hacen prósperas cubriendo el suelo de monasterios”.

(18)   Salustiano Moreta Velayos. Rentas monásticas en Castilla. Universidad de Salamanca. 1974

(19)   Salustiano Morteta Velayos. El monasterio de San Pedro de Cardeña. Historia de un dominio castellano.  Universidad de Salamanca. 1997. P. 249

(20)   Gonzalo Martínez Díez. Tres Anales Burgaleses Medievales

(21)   Francisco de Berganza, Antigüedades de España, tomo II, Madrid 1721, p. 274

(22)   Archivo Histórico Nacional. Catastro del Marqués de la Ensenada

(23)   Anacleto Orejón Calvo, Historia de Astudillo y del Convento de Sta. Clara, Palencia 1983, p. 9

(24)   Catálogo Monumental de la Provincia de Palencia. Partidos de Astudillo y Baltanás. Rafael Navarro García. 1930. p. 32

(25)   Gonzalo Martínez Díez. Sepulcros y Memorias Funerarias en Cardeña. En esta obra hace un perfecta reseña de la Capilla del Cid, las sepulturas reseñadas en 1327, las reseñadas en 1423 que se trasladan a la nueva iglesia gótica y que conoció Francisco de Berganza, y finalmente la reseña de las que se trasladan a la nueva Capilla del Cid junto con el análisis de la veracidad de cada uno de los personajes y de sus enterramientos.

(26)   Francisco de Berganza, Antigüedades de España, tomo I, Madrid 1719, p. 410

(27)   Manuel Zabalza Duque. Colección Diplomática de los Condes de Castilla. Junta de Castilla y León. 1998 ps. 343 a 379

(28)   Gonzalo Martínez Díez. Colección Documental del Monasterio de San Pedro de Cardeña. Burgos 1998. p. 7, Documentos Apócrifos en la Diplomática de Cardeña

(29)   Luis Núñez Contreras. Colección Diplomática de Vermudo III, rey de León

(30)   Gonzalo Martínez Díez. Los cinco diplomas relativos a la restauración de la diócesis palentina por Sancho el Mayor

 

ALBUM DE FOTOS:

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Lámina I.- Portada monasterio San Pedro de Cardeña

 

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 Lámina II.- Iglesia del monasterio de San Pedro de Cardeña

 

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Lámina III.- Claustro del monasterio de San Pedro de Cardeña, lugar del martirio

 

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 Lámina IV.- Interior de la Iglesia, Presbiterio

 

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Lámina V.- Entrada a la Capilla de los Reyes, Condes e Ilustres Varones. Sepulcro del Cid

 

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 Lámina VI.- Sepulcro vacio del Cid y de doña Jimena

 

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Lámina VII.- Cenotafios del muro derecho

 

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Lámina VIII.- Cenotafios del muro izquierdo

 

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Lámina IX.- Cenotafio del rey Ramiro de León

 

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Lámina X- Fotografía Aérea. Villalaco a la izquierda

 

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Lámina XI.- Fotografía Aérea. Zona 2, restos del Monasterio de San Miguel de Valbuena

 

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Lámina XII.- Ubicación del monasterio de San Miguel de Valbuena

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Lámina XIII.- Camino atravesando los restos del monasterio

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Lámina XIV.- Restos del monasterio

 

 Nueva imagen (23)Lámina XV.- Escritura de Unión del monasterio de san Miguel de Valbuena

 

san pelayo de perazancas

Lámina XVI.- San Pelayo de Perazancas

 

conde garcia fernandez

 Lámina XVII.- Enterramiento actual del conde García Fenández

 

 

 

 

 

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