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Jun

Lonicera Periclymenum

   Escrito por: villalaco.net   en General

Continuando nuestros paseos primaverales por los páramos de Villalaco, en medio de una explosión de color tras los grises invernales, podemos apreciar un arbusto que de forma espontánea crece entre espinos y zarzas. Al acercarnos, enseguida un fino y suave aroma deleita nuestros sentidos: es la Madreselva. 

Las madreselvas pertenecen al género de las Loniceras, que está formado por unas 180 especies que aparecen en las zonas templadas y subtropicales del hemisferio Norte. Una de ellas es la Lonicera Peryclimenum la que habita por estas tierras.

 Muchas madreselvas son cultivadas como ornamentales por la gran vistosidad de sus flores.

Son aromáticas y producen néctar, lo que atrae a muchos insectos. Unos son polinizadores de hábito diurno, pero otros ladrones nocturnos de néctar. Las especies ibéricas de Lonicera son muy visitadas en el crepúsculo y la noche. Las aves son las principales dispersoras de sus frutos.

Antiguo símbolo del amor eterno, la flor de la madreselva posee una exótica y cautivante belleza.
Es una planta trepadora de hojas perennes, opuestas y ovaladas que puede llegar a alcanzar una altura de hasta dos metros. Su fruto, con grupos de bayas en forma ovalada que una vez maduras son rojas, es tóxico. Las  flores son tubulosas y bilabiadas, y en función de su variedad pueden tener un color anaranjado o rosa por su cara externa y rojizo en la interna, que exhalan un perfume delicado, más intenso de noche.

La estación más propicia para la floración de los ejemplares de esta planta es desde bien entrada la primavera hasta mediados de verano, por lo que su plantación deberá de realizarse preferiblemente en los meses de otoño. Se trata de una especie de rápido crecimiento, que puede invadir fácilmente el territorio de otras plantas y agotar sus recursos.

La madreselva se asocia a la sensualidad y el erotismo por sus formas. Representa al laberinto en busca del alma. Ayuda a protegerse de las distracciones. Armonía, pureza, sabiduría, inocencia, comunicación con la naturaleza, se puede usar para comprender el pasado.

Me viene a la memoria la célebre rima de Bécker: 

» Volverán las tupidas madreselvas

de tu jardín las tapias a escalar

y otra vez a la tarde aún más hermosas

sus flores se abrirán.

  

Pero aquellas cuajadas de rocío

cuyas gotas mirábamos temblar

y caer como lágrimas del día…,

esas… ¡ no volverán! «

 

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