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Jun

Ophrys bertolonii

   Escrito por: villalaco.net   en General

Pasear por los páramos y laderas de Villalaco produce siempre gratas sorpresas. Sobre todo en los meses de Mayo y Junio cuando una explosión de belleza despierta del largo letargo invernal.

Las orquídeas son la familia más numerosa del reino vegetal, con más de 20.000 especies distribuidas por los países cálidos y templados de todo el orbe. Las más de ellas viven en las horcaduras de los árboles, en los bosques húmedos intertropicales, y dan flores muy hermosas y singulares, por las que viven apasionados no pocos coleccionistas adinerados.

Las que medran en nuestro país no se desarrollan en los árboles, sino en el suelo, y tienen las flores relativamente pequeñas, aunque son más o menos vistosas por sus formas especiales o por sus ramilletes.

Una de estas orquídeas es la Ophrys bertolonii subespecie bertolonii, la que podemos encontrar, si nos fijamos bien, entre las hierbas que cubren nuestras cerrateñas laderas.

Una breve descripción de esta planta consiste primeramente en mostrar que en sus partes subterráneas lleva dos tubérculos, uno que ha servido para el desarrollo de la planta y que por ello se ha consumido y aparece arrugado, y otro que empieza a desarrollarse y servirá de reserva para la planta que nacerá el año siguiente.

En cuanto a la flor, esta especie tiene los tres sépalos iguales en tamaño y en consistencia de unos 7 mm de longitud, ovoideos y anchos y un púrpura rosado, a veces casi blanco. Dos de los pétalos son iguales redondeados, estrechos y de un rosa pálido, o blanco. De dos a diez flores se desarrollan en el tallo floral con hojas basales. Las flores son únicas, no solo por su inusual belleza, gradación de color y formas excepcionales, sino también por la ingenuidad con la que atraen a los insectos. Su labelo imita en este caso al abdomen de una abeja.

Esta sugestión visual sirve como reclamo intimo. Esta polinización mímica está acrecentada al producir además la fragancia de la hembra del insecto en celo. Estas feromonas hacen que el insecto se acerque a investigar. Esto ocurre solamente en el periodo determinado en el que los machos están en celo y las hembras no han copulado aún. El insecto está tan excitado que empieza a copular con la flor. Esto se denomina “pseudocopulación”, la firmeza, la suavidad, y los pelos aterciopelados del labelo, son los mayores incentivos, para que el insecto se introduzca en la flor. Los polinia se adhieren a la cabeza ó al abdomen del insecto. Cuando vuelve a visitar otra flor los polinia golpean el estigma. Los filamentos de los polinia durante el transporte cambian de posición de tal manera que los céreos granos de polen puedan golpear al estigma, tal es el grado de refinamiento de la reproducción. Si los filamentos no toman la nueva posición los polinia podrían no haber fecundado la nueva orquídea.

Cada orquídea tiene su propio insecto polinizador y depende completamente de esta especie polinizadora para su supervivencia. Lo que es más, los machos embaucados es probable que no vuelvan ó incluso que ignoren plantas de la misma especie. Por todo esto solamente cerca del 10 % de la población de Ophrys llega a ser polinizada. Esto es suficiente para preservar la población de Ophrys, si se tienen en cuenta que cada flor fertilizada produce 12,000 diminutas semillas.

En la Ophrys bertolonii, el labelo es más recio, carnoso, a menudo remedando el cuerpo de un insecto o como si fuera una abeja libando una flor.

Esto fue lo que hizo fijarme en ella.

La planta no destaca nada entre las demás que la rodean, es más, pasaría completamente desapercibida si no fuera por ese labelo de su flor.

Y es que el parecido que ha creado esta planta con un abejorro tal y cual como los que vuelan por nuestras laderas, me hizo acercarme a ella y ver que no se trataba de un abejorro si no de una flor.

Me empecé a preguntar sobre las darwinistas teorías de la evolución. ¿Cómo podía ser que un ser inanimado como es esta planta, sin sentidos de la vista, del olfato, del oído o del tacto podía haber imaginado cómo es un abejorro para crear una flor con un labelo con tal sorprendente parecido? ¿Es fruto de la casualidad entre las probabilidades estadísticas de mutación en la reproducción genética? ¿Y por qué no con otra forma de insecto o ser animal?

No se, pero ahí tenemos a nuestra silvestre y villalaquera orquídea floreciendo en este mes de Junio cumpliendo su cita reproductora anual y para poder admirar este prodigio de la naturaleza.

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