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Nov

La Cueva de Doña Blanca

   Escrito por: villalaco.net   en Historia

Doña Blanca tendrá merecido espacio en esta página web y no dentro de mucho hablaremos de ella con la dignidad que merece tan Ilustre persona. Lo que voy a tratar aquí fue el momento del descubrimiento allá por el invierno de 1975 de lo que se llaman Las Cuevas de Doña Blanca.

Tuve el gusto de conocer en vida al longevo farmacéutico el Ldo. Don Rodrigo Nebreda, ilustre vecino de Astudillo. Don Rodrigo era también por entonces el Cronista Oficial de la Villa de Astudillo, Académico correspondiente de la Institución Telllo Téllez de Meneses y célebremente homenajeado en el Monumento al Farmacéutico Rural.

Don Rodrigo se hizo por entonces eco del acontecimiento del descubrimiento de las cuevas, al extenderse el rumor del curioso hallazgo entre los pueblos vecinos. Así que nos escribió un artículo, y en él nos relata las anécdotas del descubrimiento y otras leyendas que recopiló en Villalaco. Me resulta éste un documento muy interesante y además histórico a causa de quien lo escribió y lo que en él se cuenta. Dice así:

Descubrimiento en Villalaco:

Villalaco, seguramente la antigua Lacóbriga, fue Alfoz de Astudillo, como San Pedro de Matanzas, reducido a sus dehesas, El Moral, donde ni hay religiosas y sus predios son de propiedad particular, Villasilos, donde estuvo enclavado el famoso Monasterio a donde iba la Beata Clara Martínez, muerta en olor de santidad, haciendo penitencia, descansando y refrescando en una fuente del camino, que el pueblo bautizó y sigue llamando Mari-Clara. Torre-Marte, del que queda la ermita y el nombre del monte “Torre”, más en la jurisdicción de Astudillo que en el antiguo poblado de Torre-Marte. Villodre que cuenta con vecindario, como Palacios, aunque cada vez más vacíos. Vininigo y Santa Marina, ya despoblados, etc, etc. En todos estos ex-alfoces hay motivos para suponer que esconden en las entrañas de sus tierras testimonios de su antiguo esplendor. Hace muchos años, al realizar las obras del canal de Alfonso XIII-hoy de Villalaco- se encontró una estatua de bronce, que representa a Minerva, no sabemos donde iría a parar. Villalaco fue, en fin, señorío de los Sandoval.

Después de este preámbulo, vamos con la noticia:

Araba la tierra, término de Doña Blanca, el vecino del pueblo citado, Jesús Santos Manrique, con el tractor, que levantó gran cantidad de tierra, muy por bajo de la que año tras año, levantaba con el arado romano; en una de las vueltas levantó una gran losa de piedra, observando que al lado había un agujero cuadrado, todo forrado de piedra de sillería y de una profundidad tan grande, que a simple vista no se podía determinar su lejano final. El labrador, estando tan cercano del pueblo, avisó a varios jóvenes, uno de ellos Felipe Palacios, atándose con una soga de unos quince metros se descolgó por el agujero y a unos diez de profundidad encontró un descansillo desde el que vio asombrado una gran nave abovedada de piedra de sillería, labrada con una absoluta perfección, con lujo catedralicio. Este primer joven decidido, atado con una cuerda y sujetando con los dientes una vela, pasó un susto, para contentarse, al ver reflejada en las naves una sombra, que era la suya, subiendo sin desatarse, para comunicar lo descubierto. Ya había llegado al lugar casi todo el pueblo, el párroco Don Félix Tejedor, el alcalde don Santiago Cabeza, el presidente de la Hermandad, don Jaime calvo, etc; otros jóvenes, quienes bajaron con linternas, midieron una nave que tenía cincuenta metros de larga por cuatro de ancha y tres de alta. En sus paredes hay un pasadizo. Lo franquearon encontrándose con otra nave abovedada también, de la misma piedra de sillería y con veinticinco metros de longitud. Observándose otros pasadizos, aún no explorados. Esta minuciosidad de detalles se los debemos al competente historiador Lázaro de Castro, médico de Villodrigo, quien con su autoridad en la materia, maneja siglos, estilos, siglas y escudos, archivos y cuentas… Sin título de esta Facultad, es un bibliotecario, archivero y arqueólogo virtuoso, suponiendo fundadamente que se trata de una bodega. Locales que poseían los poderosos de aquellos tiempos para encerrar el vino de sus dilatadas propiedades. Bodega magnífica, por supuesto, de arquitectura encajada dentro del siglo XVI. Habrá que ahondar, para descubrir y situar quien o quienes la hicieron, por qué orden… pero como dice atinadamente Castro, en aquellos tiempos solo dos fuerzas poderosas eran capaces de llevar a cabo esta obras, de tal envergadura, el clero y la nobleza.

Ya tenemos ruta para un próximo fin de semana, Fontaneda (A.), Cabañas (A.) y el cronista para redondear (nosotros aportando pequeñeces) los conocimientos de don Lázaro. Y podemos comprobar lo que se habla de los antiguos vecinos de Villalaco, época de más de 100 años, que hubo un vecino, Cayetano Plasencia, al que le había tocado la lotería, de entonces, que tenía propiedades y curiosidades… Bien por éstas o por aumentar las otras, enlazando lo que había escuchado a los ancianos de otras generaciones, que por la <<Tierra de Doña Blanca>> había un tesoro, se empeñó en descubrirlo y con obreros, pagados de su peculio, armados de picos, palas y azadones (menos que los comprados por el Gran Capitán y consignados en las históricas cuentas que pasó a sus señores los Reyes Católicos de Castilla y Aragón (<<por picos palas y azadones empleado para enterrar a los muertos hechos a los enemigos en las guerras donde tantas tierras se ganaron para más señores, los reyes, cien millones>>) intentaron encontrar la entrada, mas a pesar del tiempo empleado en esta quimera, no consiguió su propósito, pero sí le costó el sueño de grandeza, la ruina, la venta de sus propiedades y la ganancia de la lotería. Esperamos que a nosotros nos costará menos la reconstrucción total del hallazgo histórico.

Rodrigo Nebreda

Cronista Oficial.”

Pues bien, después de esta magnífica crónica, recompongamos la historia. Antes de empezar quiero aclarar que la identificación de Villalaco con la ciudad vaccea de Lacóbriga no es nada exacta, más bien un error, y que de ello hablaré en otro artículo al hacer referencia a la toponimia de “Villalaco”.

Doña Blanca Enríquez de Acuña, vecina Ilustre de Palencia, como la titula don Rafael Martínez González, Responsable del Departamento de Cultura de la Diputación Provincial de Palencia, ha sido la persona más importante que haya vivido y sido vecina de Palencia. Nacida probablemente en Dueñas (Palencia) antes de 1486, en el palacio de los Acuña, era prima hermana del rey Fernando V, el Católico. No quiero adelantar más sobre ella y esperamos que próximamente sea el propio don Rafael Martínez quien nos complete la biografía de esta Ilustre persona.

Por algún motivo que todavía desconocemos, mantuvo una estrecha relación con Villalaco. Quizá el tener Doña Blanca parentesco con la familia Tovar, hizo que el señorío de Villalaco fuese a parar a sus manos, entre otros muchos que tuvo, o quizá lo compró cuando le fueron expropiados su bienes a Juan de Tovar tras la batalla de Olmedo en 1446. De todo ello también nos dará cuenta don Rafael Martínez.

Lo que sí sabemos es que en 1352, Villalaco era lugar de behetría de la Merindad de Castrojeriz y que eran diviseros ( o herederos de behetría) de dicho lugar, Don Nuño, Don Pedro hijo de Don Diego y, Juan Fernández de Fenestrosa que, entonces, era Señor de este pueblo, según apunta Manuel Vallejo del Busto en su libro “El Cerrato Castellano”.

Mientras este Juan Fernández de Fenestrosa figura como Señor de Villalaco, Fernand Sanchez de Tovar y su hijo Juan Fernandez de Tovar, ambos Almirantes de Castilla, fueron los titulares del Señorío de Astudillo en aquellos tiempos, jurisdicción que incluía a los lugares de su alfoz, entre los que se encontraba Villalaco.

Doña Blanca probablemente ostentaría el señorío de Villalaco hasta que falleció durante aquella primera mitad del siglo XVI, y disponía allí de Palacio, tierras, molinos y probablemente mandaría construir unas cuevas o bodegas para conservar el vino, lo que hoy conocemos como Las Cuevas de Doña Blanca.

Por aquel entonces, en el siglo XVI y por lo menos hasta el XVIII, y todavía hoy en día, a lo que hoy llamamos bodegas se llamaban vulgarmente cuevas. Noticia de ello tenemos a través del Codicilo de Cobos de Flandes cuando en 1578, éste otorga testamento.

Cobos de Flandes, escultor y discípulo seguidor de Alonso Berruguete, talló el retablo del Altar mayor de la Iglesia Parroquial de Santa Eufemia de Villalaco. Cuando otorga testamento el cinco de Abril de 1578 deja anotado al escribano que:

“Item declaro que yo tengo en Villalaco en la cueva de Bernardino Martínez, clérigo, una cuba de 230 cántaras, llena de vino, de lo cual no debo cosa alguna, excepto 18 reales que se han de pagar de alquiler de la cuba, mando se cobre.”

La finalidad de las bodegas construidas en Villalaco, sobre todo a partir del siglo XVI ha sido la de elaboración y conservación del vino. Estas bodegas se enmarcan dentro del patrimonio arquitectónico popular del Cerrato y su localización en un promontorio cercano al pueblo y sus características constructivas hacen de ellas un conjunto paisajístico del que tendremos oportunidad de hablar en otro capítulo.

El origen de muchos conjuntos de bodegas partía de la solicitud de los vecinos al Concejo y de este al Rey o al Consejo de Castilla, de autorización para la construcción de las bodegas en un lugar próximo al pueblo. Una vez que el Concejo disponía del terreno y la autorización para la excavación de las cuevas, estos terrenos se vendían a los particulares que los solicitaban.

Sin embargo las cuevas de Doña Blanca se hallan deslocalizadas del barrio de bodegas donde se encuentran el resto de bodegas y lagares. Quizás el rango de Doña Blanca le permitió construir en otro lugar, también cercano al pueblo y con fácil acceso. Ese terreno es el que hoy todavía viene catastrado como la “Sobrevilla”.

La construcción se realizó en magnífica piedra de sillería y el comentario de todos los expertos que las han visitado es que coinciden en el inmejorable estado de conservación, dando la sensación al visitante que han sido terminadas hace pocos días.

Efectivamente, un análisis detenido permite llegar a la conclusión que esas cuevas poca utilidad tuvieron y que fueron abandonadas sin finalizar su construcción. Todo ello debido al craso error en cuanto a la elección del lugar de construcción. Las cuevas se construyeron en el campo de acción del nivel freático que da salida a las aguas del páramo en dirección al valle por el que discurre el rio Pisuerga.

Este nivel freático será más o menos activo según las precipitaciones que tenga el año y vistos los sedimentos y la acumulación de agua en alguna zona de las cuevas, se determina que estarían inundadas durante bastantes épocas del año y que su utilidad para la conservación del vino sería más bien escasa. Las galerías tienen en sus extremos dos “gateras” producidas por el discurrir de aguas subterráneas que han producido el consiguiente arrastre y sedimentación de arcilla.

Aparte de la gran sedimentación que el discurrir del tiempo y el nivel freático has producido, se observan varios amontonamientos de restos constructivos lo cual hace sospechar que las cuevas nunca se terminaron de construir o que su acceso se derrumbó sin concluir la obra debido a la baja calidad del terreno elegido para ello. No es un terreno impermeable, más bien arenoso poco apropiado para la solidez de la construcción, motivo por el que podrían haber sido revestidas de piedra de sillería que permitieran la sujeción de las bóvedas.

El abandono de estas cuevas se realiza al poco de su construcción. Sin embargo su existencia se mantiene en el recuerdo de los lugareños.

Así, en una Relación de Heredades de las Cofradías en la Iglesia Parroquial de esta villa de Villalaco, realizada en 1774, entre las heredades de la extinta Cofradía de Santa Eufemia, hay un deslinde de una finca:

“…en la sobrevilla adollaman las cuevas de Dª Blanca…”; “…que hace setecientas y ochenta palos…”

Curioso es el deslinde, donde en vez de anotar los lindes geográficos norte sur, este y oeste se hace, o se llaman cierzo, abrego, regañón y solano respectivamente.

La existencia de las cuevas se mantiene hasta el siglo XIX y así, don Rodrigo Nebreda nos habla de una inverosímil historia referida a un tal Cayetano Plasencia, al que le tocó la lotería y la perdió buscando un tesoro en las cuevas de Doña Blanca, las cuales nunca encontró.

Indagando esta leyenda he descubierto que efectivamente Cayetano Plasencia existió. Era natural de Villazopeque (Burgos) que primeramente estuvo casado en primeras nupcias con Saturnina Pachón Colmenero de Villalaco y en segundas nupcias con Celestina Salas Martín, también natural de Villalaco.

La verdad es que también cometió un craso error buscando un supuesto tesoro, por que Doña Blanca dejó bien atado el reparto de su patrimonio cuando otorgó testamento como veremos en otro artículo por lo que esta leyenda no tiene ningún fundamento.

Finalmente, el descubrimiento de las cuevas se produce al levantar una piedra que tapaba una de las zarceras. La tierra había sido labrada tradicionalmente con arado romano y estaba cultivado de vid. Al introducir un arado tirado por tractor permite profundizar más en la tierra y se realiza el descubrimiento.

El interés por el hallazgo hace venir a un equipo investigador encabezado por Gonzalo Alcalde Crespo, patrocinado por la Excma. Diputación de Palencia y publica el descubrimiento en su obra “Arquitectura Hipogea en la Villa de Astudillo”, con relación a las bodegas subterráneas del entramado urbano de Astudillo, por similitud. También de la Diputación de Burgos viene un equipo investigador y realizan a su vez un plano de las cuevas.

Hoy las cuevas son parte del patrimonio histórico de Villalaco y están enclavadas en una tierra de propiedad particular.

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