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Oct

Los Franceses en Villalaco. Capitulo I.

   Escrito por: villalaco.net   en Historia

La situación geográfica de Villalaco ha hecho que históricamente haya sido lugar de paso para el movimiento estratégico de los pueblos que conquistaron y poblaron la península. Este valle, por donde el Pisuerga empieza a atravesar el Cerrato, ha estado poblado desde las invasiones de los pueblos celtas venidos de Centroeuropa varios siglos antes de Cristo.

El hecho de estar Villalaco situado en el margen derecho del río Pisuerga favoreció en tiempos de la conquista romana que los caminos y calzadas que daban acceso a la montaña palentina, allá donde habitaban las tribus cántabras, atravesaran los campos de Villalaco. Se conserva algún tramo de lo que hoy todavía se sigue llamando el Camino Real, y dentro del casco urbano hace eje principal la llamada Calle Real, testimonios ambos de la primitiva calzada romana por la que las tropas de la Legión III Macedónica accedían al norte palentino. Y también servía de comunicación esta calzada con los sucesivos asentamientos militares, como los de Pisoraca ( hoy Herrera de Pisuerga) y Segisama (Sasamón), en el transcurso de las llamadas guerras cántabras.

Del mismo modo, los visigodos colonizaron estas tierras reutilizando las mismas vias de comunicación que dejó la civilización romana. Distintos restos arqueológicos confirman las sucesivas civilizaciones que en estos campos se asentaron, siendo estos restos testigos mudos y única fuente de información que disponemos de ello.

Pero desde los tiempos de la repoblación y refundación de Villalaco en el siglo IX, cuando las incursiones moras ya no eran un peligro, casi mil años de paz habían transcurrido, hasta que la última gran invasión de la península fue protagonizada por la ocupación francesa a principios del siglo XIX.

El pasado 2 de Mayo de 2008 comenzaron los actos en España para la conmemoración del Bicentenario de la Guerra de Independencia Española.

Lamentablemente Villalaco no permaneció ajeno a los desastres ocurridos en el periodo comprendido entre 1808 y 1813, y lo mismo que en las invasiones que antes he descrito, hubo también en el transcurso de la Guerra de La independencia saqueo y muerte, pues el hecho de encontrarse en una vía de comunicación más o menos importante produjo los mismos efectos.

Pero de esta última invasión de los franceses he encontrado y disponemos, del testimonio auténtico de quien vivió aquellos días y lo plasmó por escrito.

No quedan ya más recuerdos ni otros testimonios de lo sucedido aquellos días de Junio de 1813 que lo que el Párroco Beneficiado o “el cura” de Villalaco por entonces, Don Josef Calvo, nos cuenta en las diligencias de apertura de dos de los libros parroquiales.

Terribles debieron ser los momentos vividos aquellos días y solo escrutando entre las líneas de lo que nos dejó escrito, podremos saber de la magnitud de aquellos acontecimientos.

Antes de que sea el mismo Don Josef Calvo quien nos cuente la tragedia que se vivió, recordemos un poco el contexto histórico en el que todo esto sucedía.

Tras la invasión de la península en 1807 por las tropas napoleónicas, el levantamiento posterior del dos de Mayo de 1808, y 5 años de guerra de los insurgentes, aliados éstos con ingleses y portugueses, el 3 de Enero de 1813 el emperador de Francia, Napoleón, ordena a su hermano José Bonaparte, por entonces rey de España, salir de Madrid y replegarse a Valladolid para asegurar el noroeste peninsular, dando ya por perdido el suroeste español. La desventajosa situación de las fuerzas francesas frente a la coalición de tropas peninsulares, portuguesas e inglesas al mando de Wellintong motivan la retirada en masa del ejército francés. José Bonaparte abandona Madrid el 17 de Mayo de 1813 con dirección a Valladolid perseguido por el ejército aliado, huyendo de forma precipitada y arrasando cuanto puede, con el fin de abastecer a tan importante número de soldados y obtener un botín de guerra.

En vez de dirigirse directamente desde Valladolid a Burgos para salir por la frontera de Irún, el 3 de Junio José Bonaparte continúa su huida por Palencia reclamando víveres, y sigue camino con dirección a Burgos tomando la vía hacia Astudillo desde Palencia.

En Astudillo se acantonan y se reúnen las tropas francesas que van de avanzadilla con las de retaguardia, entre las que viaja José Bonaparte. Astudillo se convierte en lugar de paso y campamento para el avituallamiento de este ejército en plena huida.

Don Anacleto Orejón y Maximiliano Castrillo nos enlazan esta historia del final de la invasión francesa en sus respectivas obras sobre la Historia de Astudillo:

Del 28 de Abril al 4 de Mayo de ese año de 1813 estuvo en Astudillo la división del general Gotier; y poco después, el 6 de Junio pasaba por la villa en completa retirada el intruso José Napoleón como le llamaban los españoles “Pepe Botella”, al que seguían más de 20.000 franceses, al mando del general Darvanal, los cuales acamparon aquí al día siguiente, en las eras de Santa Eugenia saliendo luego parte para la cuesta de Alcubilla, no sin talar a su paso las viñas y sembrados y destruir uno de los arcos del puente del rio Pisuerga”.

y también:

“En este año últimamente citado (1813), 6 de Junio, entró y salió el intruso José Napoleón en completa huida de palencia a Burgos, y al día siguiente, 7 de Junio, sus tropas de retaguardia, en número de más de veinte mil hombres de varias armas incluso de artillería con sus piezas al mado de Darmagnac, pernoctaron en esta villa, algunos dentro de ella, la mayoría acampados en las eras de Santa Eugenia y alto inmediato de San Mamé; marchando al día siguiente en dirección a Burgos, pasando el puente que sobre el rio Pisuerga hay en término de esta villa y tirando o destruyendo inmediatamente uno de sus ojos céntricos que fue repuesto en el mismo día con maderas y reconstruido con piedra en Octubre del propio año”…

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Puente de Astudillo. Pintura al óleo por Carmen Aguado

Puente de Astudillo. Pintura al óleo por Carmen Aguado

 

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Puente de Astudillo, construido en 1779

 

 

Venía persiguiendo a los franceses el ejército aliado, pisándolos casi los talones. Comandaba el ejército aliado Sir Arthur Wellesley, y lo integraban diversas unidades del ejército inglés, portugués y español, a los que apoyaban diversas tropas de las guerrillas populares.

Sir Arthur Wellesley, más conocido como el Duque de Wellington, fue una de las figuras más importantes de la historia europea del siglo XIX. Fue Comandante en Jefe del Ejército Británico en la Península y comandó las fuerzas del ejército aliado en la Guerra de la Independencia Española. Más tarde comandó las fuerzas anglo-aliadas que dieron batalla a Napoleón en Waterloo.

Rodeado por su sus generales Hill, Graham y von Alten, tratan de dar alcance a José Bonaparte en su huida, de tal manera que llegando éste a Astudillo, les separa de los franceses solamente una jornada. La huida de los franceses es precipitada, pero a pesar de ello, la necesidad de aprovisionarse y la avaricia de saquear oro y plata, les hace acercarse a Villalaco.

Desde Toro (Zamora), Wellington había dividido su ejército en tres columnas, de tal manera que unas por el margen izquierdo del Pisuerga y otras por el margen derecho, trataban de dar alcance al ejército francés.

La columna izquierda comandada por el Teniente General Sir Thomas Graham, la columna central comandada por el Cuartel General de Wellington (Quarter Master General, Q.M.G.) y la Columna Derecha comandada por el Teniente General Sir Rowland Hill.

El 8 de Junio de 1813, desde el Cuartel General del Ejército Aliado (Q.M.G) acampado en Amusco y proveniente de Palencia, se envía un despacho militar con instrucciones a sus generales para acortar el paso a los franceses. Ese despacho dirigido al Teniente General Sir Rowland Hill nos da cuenta que en esa fecha se encontraban también en Villalaco a la par de las francesas, las tropas de la Columna Derecha del Ejército Aliado comandadas por el Teniente General sir Rowland Hill, y entre esas tropas se encontraban la afamada División Ligera comandada por el Teniente General Carl Agust von Alten y la Caballería inglesa al mando de sir Henry Fane. Esta columna se encontraba el día 7 en Dueñas y el día 8 en Torquemada:

“Q.M.G. to Lieut. Gen. Sir R. Hill, K.B.                          Amusco, 8th June, 1813

With a view to keep the enemy in ignorance as much as possible with respect to the intended movements of the army, and to give the appearance of our following him by the direct road to Burgos, Lord Wellington has desired that the following arrangements may take place tomorrow on the right of the army:

The light infantry of the right column to move to Quintana del Puente.

The cavalry of the column to precede the infantry, and to move forward to the neighbourhood of Villadiego, from whence Major Gen. Fane will push on such patroles as he may judge expedient along the road to Burgos.

Major Gen. Fane will either keep the cavalry tomorrow night at Villadiego, or retire it in the evening nearer to the support of the light infantry at Quintana del Puente, as he may judge expedient.

Major Gen. von Alten will move forward his brigade of cavalry at the same time from Villalaco, in such manner as to be support to Major Gen. Fane, and to protect the left flank of Major Gen. Fane´s movements, as may be requisite.

Major Gen. von Alten will be directed to communicate with you in regard to to the above movements. That part of the infantry of the right column which is not employed on the above service, you will be so good as place upon the right bank of the Pisuerga, in the most convenient situacion between the bridge of Cordovilla and Villalaco.

I should apprise you that the movement of the right column of the army on the 10th inst. will probably point by the bridge of Astudillo towards Castroxeriz, in order that the arrangements for tomorrow may be so managed as not to interfere with those for the following day.

Head quarters will remain tomorrow at Amusco; and you will be so good therefore as continue the letter parties of cavalry placed today for keeping up your comunications.

I beg you will comunicate such instruccions to Don Julian Sanchez as may be necesary to enable him to conform to, and coperate with the movements of Major Gen. Fane´s cavalry to morrow.”

 

Esta inédita información extraída del libro ” The Dispatches of Field Marshal The Duke of Wellington”, Volumen 6, Londres 1845,  páginas 510 y 518, sitúa en Villalaco entre el 8 y 9 de Junio  de 1813 al grueso de la Columna Derecha del Ejército Aliado comandada por el Teniente General Sir Rowland Hill. Entre sus generales se encontraban  el por entonces General Mayor Carl Agust von Alten al mando de la famosa y heroica División Ligera, y al General Mayor sir Henry Fane al mando de la Caballería formada por las brigadas inglesas de la “3rd Dragoon Guards” y de la “1st Royal Dragoons”.

Tal y como indica el documento, la estancia en Villalaco de la Columna Derecha del Ejército Aliado debía de mantenerse en secreto para dar a los franceses la apariencia de que los seguían por el camino directo de Torquemada a Burgos. No hubo por ello enfrentamiento entre ambos ejércitos y los franceses pudieron saquear a gusto Villalaco hasta la llegada del Ejército Aliado el 8 de Junio:

Con el fin de mantener al enemigo en la ignorancia tanto como sea posible con respecto a los movimientos previstos del ejército, y para dar la apariencia de nuestro seguimiento por el camino directo a Burgos…”

La orden del Cuartel General de Wellington que concierne a Villalaco va dirigida a Rowland Hills, comandante de la Columna Derecha, y dice: “El General Mayor von Alten avanzará hacia adelante al mismo tiempo desde Villalaco, de tal manera que haga soporte al General Mayor Fane, y para proteger el flanco izquierdo de los movimientos del General Mayor Fane, como sea requerido”.

Mandan al General Fane con su caballería a Villadiego y mantiene la Infantería de la División Ligera en Quitana del Puente, mientras que la caballería de Alten cubre a la de Fane. El resto de la Columna Derecha sube por Villalaco siguiendo los pasos del ejército francés, que de Astudillo por Castrojeriz van a Burgos. Esta marcha de la Columna Derecha desde Villalaco se realiza el día 9 una vez salidas de Astudillo las últimas tropas francesas. No sabemos cómo ni por donde cruzaron el río, pues el puente de Astudillo tenía un ojo tirado por los franceses.

De las crónicas recopiladas por Maximiliano Castrillo, Anacleto Orejón y el Párroco de Villalaco, don Josef Calvo, estas últimas que veremos más adelante, junto con la publicación del despacho inglés de 8 de Junio de 1813 nos informan con claridad que los franceses estuvieron saqueando Villalaco entre el 5 y el 8 de Junio de 1813 . Que José Napoleón pasó por Astudillo el día 6. Que los franceses abandonaron Astudillo el día 8 derribando un ojo del puente, y el que el día 9 los franceses ya estaban en Castrojeriz.

También que justo el día 8, la Columna Derecha del Ejército Aliado comandada por Rowland Hill acampaba en Villalaco, donde reciben del Cuartel General de Wellington la orden anterior, emitida desde Amusco. Ese mismo día 8 es el que los franceses abandonaban Villalaco.

La Columna Derecha llega el día 9 a Pedrosa del Píncipe siguiendo muy de cerca al ejército francés, permaneciendo la Columna Derecha acampanda todavía en el Barrio de Santa María del Manzano de Castrojeriz el 11, para continuar hacia Vilviestre de Muñó el día 12, Villarejo el 13 y Montorio el 14.

Todas las columnas del Ejército Aliado confluyen en Vitoria el día 20, donde finalmente se alcanza al ejército francés y se le da batalla. Howard Hills y sus generales Alten y Fane entre otros, tienen una muy activa y destacada participación.

En Vitoria se trabó una gran batalla, tan desastrosa para los franceses, que no solo perdieron mucha gente y toda la impedimenta que llevaban de las cosas robadas a los españoles, sino que desde entonces pudo considerarse como terminada virtualmente su dominación en España.

Un perfecto seguimiento del itinerario del Ejército Aliado en la persecución del Ejército francés desde la salida de Toro de Wellington en Mayo de 1813 hasta la batalla de Vitoria, se puede hacer en la citada obra: ” The Dispatches of Field Marshal The Duke of Wellington”, Volumen 6, Londres 1845, entre las páginas 500 y 558.

Todos estos generales ingleses de la Columna Derecha del Ejército Aliado que ya hemos mentado y que acamparon en Villalaco en aquellos días de primeros de Junio de 1813, lograron al año siguiente, el 18 de Junio de 1815, la victoria también en la  famosa y definitiva batalla de Waterloo, al mando de Wellington, convirtiéndose todos en celebridades en su país y en Europa.

En el siguiente video se hace referencia a la Guerra de la Independencia en su fase final, y sobre el minuto 30 se hace referencia a Wellington y la batalla de Vitoria.

 

 

 

 

 

 

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Sir Arthur Wellesley, Duque de Wellington y Comandante en Jefe del Ejército Aliado en la Guerra de la Independencia.

 

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Sir Rowland Hill, General Mayor y Comandate en Jefe de la Columna Derecha del Ejército Aliado en 1813, acampada en Villalaco el 8 y 9 de Junio de ese mismo año. National Army Museum, Study collection, London.

 

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Sir Charles August von Alten, General Mayor y Comandante en Jefe de la División Ligera del Ejército Aliado en 1813, acampada en Villalaco el 8 y 9 de Junio de 1813. Bomann Museum Celle.

 

Volviendo a aquellos días entre el 5 y 8 de Junio de 1813, podemos imaginar la situación creada por esos 20.000 soldados franceses acampados en Astudillo, buscando como hienas alimento y robando cuanto se encontraran. Astudillo se debió quedar muy pequeño para abastecer a tan ingente ejército. No creo que haya habido nunca tanto huésped ni lo vuelva a tener. Una hecatombe para sus pobladores. Por ello el saqueo se extendió también a los pueblos cercanos.

Pero mientras se produce el saqueo en Villalaco, llegan y acampan en su término las tropas de la  Columna Derecha del Ejército Aliado. Otro ingente ejército y con la misma necesidad de aprovisionarse. Si algo dejaron los franceses sin saquear es fácil pensar que se lo llevaron los ingleses, muy aficionados también al pirateo. Poco pudo quedar a la gente de Villalaco que llevarse a la boca, salvo lo que se llevaran al monte con ellos. Tras la marcha de ambos ejércitos bajarían del monte encontrándose un desolador panorama.

Los ya citados Anacleto Orejón y Maximiliano Castrillo en sus respectivos “Historia de Astudillo y del Convento de Santa Clara” y “Opúsculo de la villa de Astudillo” nos dan cuenta en sus obras de las tropelías que cometieron los franceses en Astudillo en las sucesivas incursiones que realizaron entre 1808 y 1813 .

Pero dejemos ya que sea el párroco de Villalaco, Don Josef Calvo, quien él mismo nos relate lo que aconteció aquellos días de Junio del año 1813:

Diligencia de apertura del primer libro de Fábrica:

En la villa de Villalaco a quince días de el mes de Julio de mil ochocientos y trece; abiéndose presentado en esta villa, el señor Don Manuel Aguado Sanchez Parroco Beneficiado en la Iglesia Parroquial de San Pedro de Astudillo vicario en ella y su partido, y Arcipreste en propiedad de la de Población de Campos, a efecto de tomar las cuentas de esta Iglesia y por Don Josef Calvo Parroco Benefiaciado y único cura en ella se Expreso que a el (…) y cuando vinieron los franceses para su retirada y haviendo echo estancia en esta villa por Espacio de ocho días, fugándose todos los vecinos, por el odio y miedo que los tenían y de sus resultas violentaron todas las puertas de los edificios Eyglesia y sus archivos y a luego que dichos vecinos se restituyeran a sus respectivas casas las hallaron Enteramente asoladas y algunas quemadas y faltaron barios libros sacramentales, y el de cuentas de esta Iglesia anterior a este, por lo que (…) mando que de el libro maestro, y en el que constan los Enseres y Caudales de las Iglesias de su rango se saque una razón y en seguida se pase a formar las cuentas de esta Iglesia, y para que conste lo firmo (…) con dicho actual cura doy fe: (siguen tres firmas)”

 

Otra diligencia en otro libro parroquial complementa lo anterior:

“Diligencia de apertura del libro Tercero de Tazmías:

Libro Tazmia desde la invasión que hicieron en este pueblo y su Iglesia los Franceses en su ultima retirada en el cinco de Junio de este año en que permanecieron asta el ocho, habiendo sufrido mas terrible invasión en la retirada que hicieron por aquí para avaje, permaneciendo señores en el pueblo desde el siete de Agosto asta el diez y mas en el año del doze y todos ausentados por montes y apoblados como cada uno pudo huir y para memoria en los venideros, sin contar las muertes de los que fueron victima de su furor y pudieron dar en sus manos, con el saqueo de cuanto había en casas y Iglesia con lo más sagrado de mi admirable sacramento. lo firmo como cura a veinte de septiembre de 1813. (firma Don Josef Calvo)”

Desoladora crónica la que nos ha transmitido Don Josef Calvo:

La gente huida, refugiándose en el monte cercano, donde en la espesura podían pasar desapercibidos y los franceses no se atrevían a entrar para no ser emboscados. Por lo menos cinco noches durmiendo y comiendo ocultos en el monte.

Los que se quedaron en sus casas fueron asesinados. Todas las casas robadas y saqueadas, algunas quemadas. El Sagrario de la Iglesia profanado.

Podemos agradecer a Don Josef Calvo que pusiera a buen recaudo las alhajas principales de la Iglesia y que no se llevaran nada de valor de la Iglesia parroquial. Afortunadamente podemos disponer hoy en día de todas las piezas principales de orfebrería que había antes del saqueo de los franceses, y afortunadamente también, la Iglesia no la quemaron como las pasó a otras iglesias de los entornos.

Quizás los golpes que presenta la puerta del Sagrario del Altar Mayor, y su cerradura forzada, sean los testigos mudos del aquel sacrilegio y de aquellos tristes acontecimientos, golpes que hoy todavía podemos observar.

 

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Volveremos en otro capítulo sobre esta última diligencia del libro Tercero de Tazmías, pues son dos las invasiones sufridas en Villalaco por los franceses:

La primera la de Agosto de 1812 que dejaremos para otro artículo que será el Capitulo II de este estudio sobre los franceses.

La segunda estancia o invasión de los franceses en Villalaco es la que corresponde a la retirada de los franceses en Junio de 1813 y es la que estamos comentando en el presente artículo.

A parte de estas diligencias de apertura, otros detalles sobre el paso de los franceses en su retirada de la Península en Junio de 1813, y otros hechos de la Guerra de la Independencia surgen en los libros de Fábrica de la Iglesia Parroquial de Villalaco.

Era obsesión de los franceses de apropiarse de los libros de fábrica de las iglesias, pues contenían toda la información concerniente a los ingresos de las parroquias en especie, frutos del diezmo, y así poder exigir la contribución impuesta al sostenimiento del ejército francés, sin que el vaciado de los depósitos de almacenamiento por parte de las parroquias para la ocultación de los bienes almacenados fuera excusa para su entrega.

Por ello, tras la destrucción de estos libros de Fábricas, o robo de ellos por los franceses, la Parroquia de Villalaco compra nuevos libros y los diligencian explicando lo sucedido, como hemos visto anteriormente.

Se toman cuentas a los mayordomos que lo fueron en años anteriores y que guardaban por ello conocimiento de ellas, con el fin de asentar las cuentas precedentes en el nuevo libro.

De esta manera tenemos noticia de que en las cuentas de 1813, tomadas a Mateo Sierra, mayordomo de aquel año, se anota en el libro nuevo que de los bienes que disponía la parroquia en la Panera, los franceses robaron todo el grano de trigo, centeno y cebada:

“Robado.- Item veinte y seis fanegas honze zelemines y tres quartillos por trigo que por las tropas francesas habiendose acantonado en esta villa a el paso de su retirada violentaron las puertas de la panera y llevaron todos los Granos que había en ella como es público y notorio habiendo desamparado el Pueblo todos los vecinos” (Libro 1º de Fábrica. Archivo Parroquial de Villalaco)

De Cebada robaron 47 fanegas, dos celemines y tres quartillos y de Centeno una fanega, 7 celemines y dos quartillos, según se explica en notas posteriores dentro de las mismas cuentas del año 1813.

El edificio de la Panera, hoy rehabilitado y convertido en vivienda, tiene grabado en una ventana superior la fecha de construcción del año 1788. De su arrendamiento (supongo parcial, para el almacenamiento de grano de algún vecino) también se anotó su rédito, y se hace constancia de ello en el mismo libro.

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Ventana de la Panera con fecha del año 1788

 

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La Panera donde se guardaba el trigo, centeno y cebada que fueron robados por los franceses en Junio de 1813

 

Por las cuentas asentadas en este libro (Cuentas del año 1807 tomadas a Ramón Sierra, Cuentas de los años 1808,1809, 1810 y 1811 tomadas a Isidro de Castro y Cuentas de 1812 y 1813 tomadas a Mateo Sierra) sabemos algo más de lo que fueron las ruinas que hoy contemplamos y comúnmente llamamos ahora “El Tercio“.

Junto con el edificio de la Iglesia existía el edificio de “Las Tercias Reales”, hoy en ruina, donde en su interior se disponía de dos Lagares para extraer el mosto de la uva. Uno de los lagares estaba arrendado y de su arrendamiento se obtenía rédito, como quedó reflejado también en estas cuentas.

En las cuentas de los años 1808 a 1811 se anotó el gasto de tres cerraduras:

“Item sesenta y seis reales de vellón pagados a dicho maestro Errero (Balenttin Gomez) por tres zerraduras que a echo para las Puertas de la Tercia, Panera y Yglesia segun recibo de dicho Maestro”

También se anotaron en estas cuentas una obra de mantenimiento de estos lagares:

“Compostura de Lagar.- Item doscienttos nobentta y ocho reales de vellón que a importado la compostura de los Lagares de la Tercia en esta forma…”

A continuación se anota también el gasto de “cientto cinquenta reales de vellón importe de cinco tablones de pino que se han comprado para dichos Lagares…”

Los edificios de las Tercias Reales se construyeron en los tiempos del llamado Antiguo Régimen con el fin de disponer de un inmueble adecuado donde almacenar los productos de la tierra con los que pagar a la Iglesia aquel impuesto reconocido por los reyes de Castilla en plena Edad Media, y conocido como el Diezmo de los frutos. Las riquezas acumuladas por la Iglesia y el pago de los diezmos en especie hicieron necesaria la construcción de edificios donde almacenar los productos de la tierra para su posterior venta y obtención del dinero necesario para el sostenimiento de la Iglesia.

El derecho de la Iglesia a recaudar el diezmo de los frutos es muy antiguo y data del siglo VI de nuestra era. Anteriormente a esta fecha ya se hacía de forma voluntaria. En el siglo XIII, con tanto gasto en tiempos de la reconquista y ante la falta de recursos de la Hacienda Real de Castilla, ésta  recurre a los pontífices y se concede a la Hacienda Real la gracia de participar en los productos del diezmo de la Iglesia, llamándose a esta parte del diezmo que la Iglesia entregaba a la Hacienda Real el impuesto de las Tercias Reales.

Es decir, la Iglesia se convirtió, y así fue durante muchos siglos, la encargada de recaudar el diezmo para ella misma y repartir la venta de estos productos con la Hacienda Real, llevándose ésta un tercio del diezmo.

La Tazmía, palabra que anoté más arriba dando nombre a un libro parroquial, era la aportación individual de quienes tenían la obligación de entregar el diezmo y su anotación en el libro correspondiente (Libro de Tazmías), todo ello junto con la repartición de lo obtenido. Realmente la Tazmía era la repartición del Diezmo.

La tazmía del año 1813 está anotada de la siguiente forma:

“Tazmía de los diezmos que se adeudan en la villa de esta villa de Villalaco y da principio en el presente de 1813 siendo colector el señor don Josef Calvo

Corderos:

Matias Guerra…7

Matias Guerra Perez…1

Maria Guerra…2

Maria Sendino…2

Manuel Calvo…2

Ramon Domingo…1

Tiburcio Gutierrez…2

Cipriano Perez…2

Santiago Iglesias…1…”

El reparto o Tazmía de estos corderos quedó anotado de la siguiente manera:

“Rey por sus Reales Tercias…4

Iglesia por su (…)…2

Cabildo de Palencia…6

Señor Cura…5

Extraordinario…2…”

 

Con la caída del Antiguo Régimen en el siglo XIX y la supresión del impuesto del Diezmo,  estos edificios de las Tercias Reales quedaron en desuso, arruinándose y desapareciendo la mayoría. Otros se habilitaron en vivienda del párroco, y así subsistieron. Las ruinas que contemplamos en la fachada norte de la Iglesia de Villalaco y que comúnmente llamamos “El Tercio”, corresponden al antiguo edificio de las Tercias Reales de la Parroquia de Villalaco.

De ellas observamos que disponía de planta baja con dos Lagares, y de una primera planta con vivienda, sin más que ver el enlucido que queda de sus paredes y la rejería de sus ventanas.

 

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Ruinas del edificio de “Las Tercias Reales” donde había dos Lagares para la extracción del mosto

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Lagar de la derecha en el interior del arruinado edificio de las Terccias Reales

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Lagar de la izquierda en el arruinado edificio de las Tercias Reales

 Otro vistazo a las cuentas de la Iglesia de Villalaco de los años 1808 a 1811 nos acercan a la construcción del antiguo cementerio existente en el entorno exterior.

El excelente y bello dintel neoclásico de la puerta de acceso al cementerio nos data exactamente la fecha de construcción:

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Dintel de la puerta de acceso al Cementerio Antiguo con la leyenda ” A AÑO DE 1803 “

La fecha grabada es:      ” A AÑO DE 1803“.

 

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Puerta de acceso al Cementerio de “El Pradillo”. Portada neoclásica y puerta original de rejería.

 

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Atrio con el nuevo enlosado del año 2011 en sustitución del antiguo empedrado, y puerta de acceso al cementerio antiguo

Desde los lejanos tiempos de los visigodos en los siglos VI, VII y VIII y los oscuros tiempos de la repoblación de nuestras tierras castellanas allá en los siglos IX, X y XI, las disposiciones sobre la forma de enterrar a los difuntos señalaban a lugares exteriores próximos a alguna iglesia, ermita o lugar santo. Nobles y eclesiásticos se reservaban por su condición social el derecho de enterrarse en el interior de las iglesias, o simplemente por el hecho de las donaciones “pro anima” que éstos realizaban junto con la erección de capillas de enterramiento y edificación de iglesias. Esta costumbre de enterrarse en el interior de las iglesias se extendió al resto de feligreses a finales de la Baja Edad Media, manteniéndose así durante los siglos posteriores.

En 1787 Carlos III, ante las condiciones de salubridad en el interior de las iglesias debidas a los enterramientos que en ellas se hacían, dicta una providencia que asegure la salud pública, providencia que es contemporánea a otras dictadas en Europa. El hedor en las Iglesias cuando el número de enterramientos crecía ante alguna pestilencia debía de ser insoportable para realizar debidamente el culto, y además favorecía la propagación de la pestilencia, produciéndose más muertes y por ello más enterramientos dentro de las iglesias.

Para solucionar este problema la providencia sugería la construcción de cementerios fuera de las iglesias y en “sitios ventilados e inmediatos a las parroquias”.

No fue favorable esta providencia y la feligresía se resistía a enterrarse fuera de las iglesias por considerarse de poco decoro y lugar poco santo para la vida futura. Tuvo que haber más Disposiciones Reales para obligar a la construcción de los nuevos cementerios. Como la de Carlos IV en 1804, debido a nuevas pestilencias en aquellos años, pues decía que “convertidos los templos en depósitos de podredumbre y corrupción, para la conservación de la salud de sus vasallos y debido al aumento de las enfermedades malignas en las diversas provincias del reino”, según se publicó.

Aún así, siguió habiendo resistencia a la construcción de los nuevos cementerios fuera de las iglesias. Solo la invasión francesa, los muertos debido a la guerra, al hambre el cual conlleva el deterioro de la salud, y sobre todo a la epidemia de malaria y otras pestilencias de aquellos calamitosos años de la invasión de los franceses, determinó definitivamente la construcción de los nuevos cementerios.

Las cuentas de Fábrica de 1808 a 1811 nos acercan al uso ya por esas fechas del nuevo cementerio de Villalaco, el cual había sido construido en 1803 en los entornos de la Iglesia.

El primer enterramiento en el cementerio exterior, construido a instancias gubernamentales, se realiza el 15 de marzo de 1804 (El finado es Francisco Castro, Libro de Difuntos de la Iglesia Parroquial de Santa Eufemia de Villalaco del año correspondiente).

En los libros de difuntos antiguos, quienes disponían de capital para ello, podían elegir en el interior de la Iglesia la sepultura, siendo más caras cuanto más cerca del Altar Mayor se situara. Las sepulturas en el interior de las iglesias se disponían en filas y calles, todas ellas numeradas, como podemos ver todavía en algunas iglesias que conservan el pavimento antiguo.

Por ejemplo Francisco Sendino Guerra, el cual fue enterrado el 1 de Junio de 1782, y dispuso para ello que se hiciera en Tercera Línea de la Capilla Mayor y con el Hábito de San Francisco del cercano convento de Villasilos, del que fue Hermano. O Pedro Calvo, que fue enterrado a 3 de Julio de 1782 en octava línea de la Capilla Mayor. (Libro de Difuntos del Archivo Parroquial de Villalaco de la fecha correspondiente)

Puesto que antes de esta fecha de 1804 no había que salir al exterior para enterrar a los difuntos por hacerse el entierro en el interior de la iglesia, no era necesaria por ello tener Capa Pluvial negra. Las capas pluviales son ornamentos litúrgico utilizados en las procesiones en el exterior. La necesidad de salir a enterrar al nuevo cementerio genera el comprar una capa pluvial para los entierros. Por ello se anota el siguiente gasto en las cuentas de 1808:

“Capa Plubiar de Difuntos.- Item quatrocienttos sesentta y ocho reales de vellón que a tenido de corte una Capa Plubiar de difuntos que se á echo nueba por no tenerla esta Iglesia en esta forma, diez Baras de pana negra…”

Incluso hubo que disponer de unas “Andas” para trasladar los féretros:

“Féretro.- Item ciento ochentta reales de vellón pagados a Pedro Prado maestro, por la bentta vista de la villa de Castro por hacer unas Andas para llevar a enterrar  a los difuntos segun su recibo”

Se anotan en las cuentas de 1808 los ingresos por las ofrendas de los enterramientos en el nuevo cementerio:

“Ofrendas.- Item quatrocientos veinte y cinco reales de vellón de las ofrendas en esta Iglesia de los difuntos que se han enterrado en el Pradillo y ofrendados en dicha Iglesia…”   (Cuentas del año 1808 del mismo Libro de Fábrica)

Lo que hoy conocemos como el “Cementerio Antiguo”,  cuando se hace esta anotación era en aquellos años el nuevo cementerio hecho en el exterior de la Iglesia, y al que llaman el cementerio de “El Pradillo”. Quizás llamado así por ser ese el nombre del término en el que se haya, aunque he visto otros libros parroquiales de otros pueblos donde llaman también al cementerio del exterior de igual manera.

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Cementerio de “El Pradillo” antes, o Cementerio Antiguo ahora

Otras noticias sacamos de aquellos sucesos a través de las cuentas de Fábrica de la Iglesia parroquial de Villalaco de aquel año 1813.

El asalto a la Iglesia de Villalaco hecho por las tropas francesas no tenía más fin que apoderarse de objetos sagrados, y así obtener oro y plata, fácil de transportar y de alto valor económico. También los franceses tuvieron verdadera obsesión con los libros parroquiales de cuentas, pues así podían determinar los bienes de las parroquias, que podían ser ocultados y ser negada su entrega a las tropas francesas por parte de los párrocos cuando se les requerían estos bienes para avituallamiento de su ejército.

No fue menos en Villalaco, y además de asaltar la Panera y llevarse todos los granos de cereal que en ella se guardaban, violentaron la Iglesia, se llevaron los libros parroquiales de cuentas y forzaron el Sagrario llevándose también el Copón. Además del Copón, se llevaron también las Chrismeras y una Cajita de plata para administrar el Viático a los enfermos.

Encontramos la siguiente nota en las mismas cuentas del año 1813:

“Chrismeras, Caja y Copón.- Item que a costado un Copon unas Chrismeras y una Caja de Plata para administrar el Beatico, mediante que las que havia las robaron las Tropas Francesas a el transito que hicieron por esta villa como es publico y notorio; echo y comprado en vto. de licencia; pagado a el maestro plattero Gregorio Velasco segun su recibo….  776 “

El Arcipreste de Astudillo, que es quien toma las cuentas de año anteriores para su asiento en el nuevo libro, anota al final de las cuentas del año 1813 el siguiente mandato:

” y mando que mediante la necesidad que tiene esta Iglesia de basos Sagrados y Ropas para las celebraciones de el Sacrificio de la Misa y son necesidades que padece por la derrota que hizieron las Tropas Francesas como es publico y notorio a dicho de su retirada, se encarga a dicho cura para que haga la cobranza de los enseres de esta Iglesia, y con aprobación por su S.I. imbiertta en veneficio de esta referida Iglesia lo que sea preciso y de primera necesidad para el culto divino haciendose por ahora un arreglo general para que no se padezca rruyna alguna…”

No he encontrado más notas en cuanto a arreglos en ese año de 1813 referidos a los destrozos que causaron los franceses en la Iglesia, pero por lo que se entiende de la nota anterior, sí que hubo graves destrozos, pues podemos suponer que forzaran la puerta y se llevaran candelabros, lámparas de aceite, también ropas de lino…

Fueron 5 años de guerra contra los invasores franceses. Además de los estragos que éstos produjeron para su propia manutención, y además de los asaltos y robos en iglesias para obtener plata, oro y alimento, las condiciones atmosféricas necesarias para la producción agraria no fueron favorables. Malas cosechas empeoraron aún más la situación económica.

Por ello también se anotó en las cuentas parroquiales del año 1811 que se perdonó a los arrendatarios de las fincas de la Iglesia de Villalaco el rédito “por haverse hapedriado el Campo”. Lo perdonado fueron 6 fanegas y ocho celemines, que eran la tercera parte de la renta de las tierras.

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Ejército francés

Y también, por si fueran pocos los estragos causados por los franceses y por la climatología desfavorable que coincidió en aquellos años, no faltó la presencia de guerrilleros que perturbaron la paz en nuestro pueblo.

Para acabar este capítulo solamente voy a hacer referencia al guerrillero que causó perjuicios en Villalaco y que por ello quedó también anotado en las cuentas de 1808 a 18011 de nuestra Iglesia Parroquial, dejando para otro capítulo un estudio más extendido sobre las guerrillas que por aquí actuaron, y de las que también tenemos noticias por otros medios.

En esas cuentas de Fábrica  de los años 1808 a 1811 se anotó el siguiente gasto:

“Marquínez.- Item veinte y ocho reales de vellon nuebe zelemines y dos quartillos de Cebada que la partida de Guerrilla de Don Benito Marquinez habiendose aposentado en esta villa sacaron de la Panera de esta Iglesia por via de la Fuerza para los Caballos sin que se pudiere Evitar, en el año de ochocientos y diez”

Benito Marquinez fue uno más de los muchos guerrilleros que lucharon en esta contienda. Actuó a las órdenes del 6º y 7º Ejército Aliado.

Conocemos sus andanzas pues éstas se localizaron en Tierra de Campos.  También sabemos que irrumpió temporalmente en Valladolid y Palencia cuando éstas fueron abandonadas por las tropas francesas, causando estragos en estas poblaciones, reclamando ropas y víveres para sus tropas, persiguiendo sobre todo a los colaboracionistas, y exigiendo tributos donde ya poco había que sacar, aumentando por ello las penurias de sus habitantes.

Unas cuantas acciones bélicas quedaron escritas de este guerrillero, pero al fallecer el 31 de Agosto de 1812 en combate contra los franceses su nombre Marquínez no pasó a engrosar el elenco de héroes guerrilleros que sobrevivieron a esta contienda, y que por su fama fueron vituperados, recompensados y retratados oficialmente una vez acabada. No se conserva retrato de este guerrillero.

En la Hemeroteca Digital de la Biblioteca Nacional encontramos publicadas diversas acciones en diferentes diarios de la época.

Así en el diario “La Gaceta del Gobierno de Mexico” del 23 de Enero de 1812 se da cuenta de la acción de Marquinez, como comandante de uno de los escuadrones de la Segunda Legión de Castilla, causando la pérdida de 94 hombres entre muertos y heridos, de entre los 300 granaderos a caballo de la guardia imperial a los cuales atacó el 9 de septiembre de 1811 en San Martin de los Balbases.

Otra en el diario “El Sensato” de fecha 19 de Marzo de 1812, dando cuenta del oficio mandado por Marquinez al Exmo. General en Jefe del 7º Ejército en el que relata la acción llevada a cabo hallándose en Villada. Acción contra 180 Dragones a caballo del ejército francés que saliendo desde Villalón acometió entre Fontiyuelo, Santervás y los Melgares con 87 franceses muertos. Esta acción se realizó el 8 de Febrero de 1812.

Otra vez en “La Gaceta del Gobierno de Mexico” de 12 de Septiembre de 1812 se hace extracto de dos partes de guerra de Marquinez dirigidos al mismo General en Jefe del 7º Ejército. Cuenta en uno de ellos la acción de hostigamiento a los franceses en Frechilla, acción que se extiende a Quintanilla, Cervatos, Riveros y Abastas. Otra contra una columna de 1.200 franceses que bajaban de Saldaña con granos y ganado vacuno, arrebatándoles el botín y causando 25 muertos. Y la de su capitán Eustasio Martínez en Villamediana, que peleó con 300 franceses de infantería. Los partes están firmados en Carrión el 13 de Abril de 1812, y las acciones se realizaron poco antes de esa fecha.

En la “La Gaceta del Gobierno de Mexico” de 16 de Marzo de 1813 se da cuenta de 4 partes de guerra de Benito Marquinez dirigidos al Coronel D. Juan de Sarralde, hechos en Valladolid y Cigales el 29, 30 y 31 de Julio de 1812. Se da cuenta en estos partes de guerra de diversas acciones contra los franceses, y dan parte también del abandono de los franceses de Valladolid el día 29 de Julio de 1812, y la toma de Valladolid por las tropas de Marquinez a continuación.

Finalmente, la última noticia que he encontrado es en el mismo diario, de fecha 27 de Marzo de 1813, en el que se da cuenta del parte de guerra enviado desde Roa el 18 de Mayo de 1812 por el teniente coronel D. Benito Marquinez, Comandante de los escuadrones de Húsares Francos de Castilla, dirigido al General en Jefe del 7º Ejército, sobre la acción llevada a cabo el 15 de Mayo de 1812 entre Valladolid y Aranda, hostigando hasta Roa una columna de 300 franceses a los que causó 36 muertos y 120 heridos.

En “Historias” de Eugenio Gracia Ruiz, Madrid 1876-1878, Tomo I, pags. 258 y 259 encontramos noticias suyas. Aquí nos cuentan que era natural de Aragón y disperso del ejército de Borbón (otro guerrilero que por estas tierras actuaba y del cual era Marquínez sargento).

Formó Marquínez en Amusco su partida de Voluntarios de Castilla, y llegó a contar en un año con 800 a 1.000 infantes y 300 jinetes. Fue herido de muerte traicionado por un desertor francés que se introdujo en su tropa. Lo disparó por la espalda en Torre Mormojón.

Benito Marquinez falleció en Paredes de Nava donde lo llevaron herido de muerte a curar, y fue enterrado en Carrión de los Condes.

Lucha de guerrillas

Un soldado británico, que participó en esta contienda por estas tierras, y parece por ello que conoció a Marquinez de primera mano, escribió en 1846 una leyenda romántica sobre su muerte, y de la participación como miembro de su tropa de la afamada guerrillera vallisoletana llamada “La Colegiala”, con la que Marquínez mantuvo una estrecha colaboración. Este soldado británico escribió sobre la muerte de Marquinez:

“La Independencia de España había perdido uno de sus más galantes defensores”. (Hardman, FrederickPeninsular Scenes and Sketches. William Blackwood, Edinburgh 1849.

Este autor luchó en la Guerra de la Independencia (la Peninsular War para los historiadores británicos) y fue herido en la batalla de Albuera. Más tarde estuvo con el ejército cristino en la primera Guerra Carlista. A diferencia de otras historias británicas de esta guerra más generales, el autor cuenta las aventuras bélicas de los líderes guerrilleros españoles: el Empecinado, el Cura Merino y Marquínez.

Maximiliano Castrillo en su 0bra Opúsculo sobre la Historia de la villa de Astudillo nos sitúa a Marquinez por estas tierras el 20 de Agosto de 1810. En esa fecha, las tropas francesas al mando de Mr. Esteban Lentar se alojaron en la Parroquia de San Pedro de Astudillo, lo cual causó conflicto entre los astudillanos y los franceses por esta profanación. Al día siguiente los franceses salieron dirección Monzón de Campos donde fueron atacados por la partida de guerrillas de Marquinez.

Mr. Esteban fue muerto en esta contienda, y Marquinez llevó a Astudillo en trofeo el sombrero y otras prendas de aquel.

En el Archivo Histórico nacional se conservan dos cartas enviadas por él mismo a los mandos militares comunicando sus acciones Una de ellas es manuscrita y lleva al final su firma de puño y letra. Su impecable caligrafía nos muestra un personaje ilustrado para aquellos tiempos. El siguiente enlace nos lleva al manuscrito:

http://pares.mcu.es/GuerraIndependencia/catalog/description/3040456

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Guerrillero de la Guerra de la Independencia

Con esta crónica nos sumamos a los actos conmemorativos del Bicentenario de la Guerra de la Independencia Española. Como lo hizo Joaquín Diaz grabando en Julio de 2003 el disco “Canciones de la Guerra de la Independencia”, recopiladas por Federico Olmeda.

Dicen en esta publicación: “La Revolución Francesa trajo la costumbre de acompañar los alborotos callejeros con canciones; entre las más populares estaban el Ça irá, y poco después La Carmagnole y La Marsellesa. Al comenzar la guerra de la Independencia en España también resonaron las calles con canciones que rebosaban entusiasmo patriótico y espíritu de partido”.

Escuchemos para terminar la irónica canción que se cantaba por entonces al nuevo rey intruso José Napoleón, apodado vulgarmente como Pepe Botella:

3 comentarios

ima
 1 

Me ha parecido muy interesante este pequeño relato sobre la historia de Vllalaco, nuestro futuro y presente es importante en relaccion a la nocion que tengamos de nuestro pasado y creo que queda plasmado parte de ese pasado tan desconocido par mi parte de mi tan querido pueblo. Gracias por este trabajo de memoria historica

noviembre 7th, 2009 at 19:38 pm
miguelperez
 2 

me encanta saber que fue de nuestro pueblo…y asi saborear mejor toda su historia…y dar un viva a sus antepasados que supieron plasmar en sus gente buenos modales y cariño…quizás se lo debamos a todos ellos…

agosto 2nd, 2011 at 21:58 pm
 3 

Totalmente de acuerdo… Gran reportaje!

diciembre 10th, 2014 at 19:35 pm

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