17
Ago

Alcocero

   Escrito por: villalaco.net   en Historia

En el año 2005 comenzaron las obras para la mejora y modernización del regadío de la Comunidad de regantes del Canal de Pisuerga en los tramos de Astudillo, Villalaco, Villodre y Melgar de Yuso. Lo que en Villalaco llamamos “ La Reguera”. La empresa adjudicataria de esta obra encargó la Evaluación Cultural en el área de afección del proyecto a la empresa Acteo.

Tras los trabajos de prospección previos a los sondeos arqueológicos realizados por la empresa Aratikos Arqueólogos, S.L. y durante la ejecución de la tubería principal, en el tramo junto al camino del “Espíritu Santo”  aparecieron una serie de tumbas que fueron parcialmente afectadas por la ejecución de la misma. Este hecho fue debidamente comunicado al equipo arqueológico encargado del seguimiento de la obra en diciembre del 2006.

EL hallazgo, inédito, al no encontrarse inventariado en la Carta Arqueológica de Castilla y León, fue excavado entre enero y mayo de 2007. Se encontraron 29 tumbas, de las cuales 19 fueron excavadas. De cada una de ellas se elaboró un estudio antropológico. (Informe inédito depositado en el Servicio Territorial de Cultura de la Junta de Castilla y León en Palencia).

Al yacimiento encontrado se le denominó “El Pago de Támara”  por ser éste el nombre del pago en el que se encuentra. Recordemos que las ruinas que se encuentran en el rio a la altura de la Ermita del Espíritu Santo son las del llamado Molino de Támara, y el camino que lleva allí, es el llamado “Camino del Molino de Támara”.

Este Pago y el Camino reciben su nombre del antiguo Molino que pertenecía al municipio de Támara y que el Ayuntamiento de Villalaco tenía arrendado, según  se indica en el Catastro del Marqués de la Ensenada de 1752. (1)

Sin embargo, lo que acababan de descubrir sin saberlo, era la necrópolis del despoblado de Alcocero.

Este despoblado se encontraba deslocalizado hasta la ejecución de la obra de entubamiento de la “Reguera”, intuyéndose su localización en este paraje del Pago de Támara según la documentación existente y que más adelante se indicará. El origen de esta población podemos situarlo en el momento de la repoblación de los territorios ribereños del Pisuerga a partir del año 850, pues fue por esos tiempos cuando los foramontanos que salieron de las montañas al sur de Cantabria comenzaron a ocupar estos territorios, creando pequeñas poblaciones que no llegarían a resistir mucho el paso del tiempo, desapareciendo la mayoría de ellas al llegar a la Baja Edad Media, subsistiendo solamente las poblaciones que han llegado hasta nuestros días.

Para hacernos una idea de lo que por éstas nuestras tierras ocurría en aquellos lejanos tiempos, tenemos que recurrir a las escasas fuentes históricas que existen y a los estudios de investigación actuales, pues la desaparición de la la mayor parte de la población en nuestra meseta castellana tras la invasión musulmana, tuvo como consecuencia que la información y documentación que nos ha llegado a nuestros días sea muy escasa.

La meseta se convertiría en un territorio donde, ante las dificultades de mantener poblaciones estables que pudieran resistir las incursiones enemigas, se haría realidad la práctica del concepto de “tierra quemada”,  de tal manera que pequeñas correrías moras saquearían, robarían y matarían, quemando las cosechas y viviendas y otros recursos de los pequeños asentamientos cristianos aquí asentados, que sin protección alguna subsistirían apenas hasta su completa desaparición. Por eso llegado el siglo IX, prácticamente toda la meseta al norte del rio Duero se encontraba despoblada, yerma y vacía.

Así, en los albores del siglo IX, en un territorio situado al sur de las montañas cántabras, al Norte de Burgos y al sur de Álava, territorio conocido como Bardulia y precursor del Condado de Castilla, se encuentra allí refugiada una superpoblación compuesta por descendientes de visigodos, hispano-romanos y tribus indígenas locales, hayándose todos en unas condiciones pésimas de salubridad. Lo mismo en territorios anejos más al oeste (las zonas montañosas al sur de Cantabria y norte de Palencia).

Éstos deciden mejorar sus condiciones de vida recuperando poco a poco los territorios abandonados, más fértiles y apropiados para la actividad agrícola y ganadera, con el fin de mejorar su calidad de vida. Éste es el inicio del fenómeno repoblador. (2)

Alguna teoría investigadora deduce que, más que repoblar, se trataba de organizar este territorio de la meseta castellana abandonado a su suerte tras la invasión musulmana. La verdad puede ir encaminada a conjugar todos esos intereses en esos primeros momentos: mejorar condiciones de vida, repoblar, organizar territorio, expulsar al enemigo, fortificar puntos estratégicos para combatir incursiones enemigas…

La tierra a repoblar pertenecería al rey cristiano por derecho, como heredero del imperio visigodo, y cualquiera puede hacerse dueño de ella por el simple hecho de roturarla u ocuparla sin más. Este fenómeno se conoce con el nombre de “presura” y ésta se hace efectiva no cuando se ocupa, sino cuando se trabaja y explota.

Con ello, los primeros repobladores van a convertirse en pequeños propietarios libres. Si la presura denota una sociedad desorganizada que había creado un tipo de poblamiento disperso, la repoblación concejil será, más tarde, un nuevo paso hacia el sistema de repoblación organizado, lo que originará núcleos de población bien definidos, dando lugar a los municipios con sus límites perfectamente marcados por los reyes y condes, que los enriquecerán con fueros y cartas-pueblas. De esta manera se va a producir un reagrupamiento de la población, quedando abandonados estos pequeños y dispersos poblamientos que se asentaron inicialmente en los primeros momentos de la repoblación.

En cuanto a la repoblación de esta ribera del rio Pisuerga, las informaciones consultadas nos hablan del fenómeno repoblador salido de las tierras bajas de Cantabria que hoy son frontera con Palencia.  El avance repoblador se produce siguiendo la ribera del rio Pisuerga, centrándose en el asentamiento y fortificación de lugares estratégicos que sirvieran de defensa frente a las alfeizas musulmanas. Parece que de una forma organizada se fortifican plazas como Amaya, Monte Bernorio, Saldaña, Castrojeriz…

Generalmente se reutilizan los asentamientos fortificados de épocas anteriores, pues nada nuevo se inventa ya que los accidentes geográficos siguen siendo los mismos que entonces. Tanto Amaya como Castrojeriz son puntos estratégicos en pasos de vías principales; cerros y atalayas defensivas desde las cuales se visualizan y dominan las vegas anejas.

La Crónica Albeldense nos habla también de uno de los condes del Condado de Castilla, que por entonces se repartían los territorios recién repoblados. Este conde llamado Munio Nuñez se le considera nieto de otro Munio Nuñez, el que otorga en el año 824 la carta de población de Brañosera (Palencia), famosa por ser la más antigua carta concejil conocida, convirtiendo a Brañosera en el primer Ayuntamiento de España. (3)

Munio Nuñez se encontraba en el año 882 reconstruyendo la antigua y derruida fortificación que los romanos y visigodos tuvieron en el cerro de Castrojeriz.

Justo en esos tiempos, varias alfeizas que desde Córdoba suben para alcanzar el rio Ebro y que desde Pancorbo atraviesan la meseta siguiendo la antigua calzada romana de Aquitania a León (la que sería el origen de la via hoy llamada Camino de Santiago), pasan por Castrojeriz de camino a León, a causa de las luchas que mantuvieron el rey de León Alfonso III y el emir de Córdoba.

Así, en el año 882 los musulmanes organizan una alfeiza contra el rey Alfonso III que se encuentra en León. Tres ejércitos con distintos trayectos tenían que confluir allí. El principal de ellos se encuentra bajo las órdenes de Al-Mundir, hijo del emir de Córdoba Muhammad. Este ejército que con salida desde Córdoba y pasando por Zaragoza tomaría esa antigua via romana de Aquitania a León para atravesar la meseta, es la alfeiza que siembra el terror y pasa por Castrojeriz. Ante este ejército, Munio Nuñez huye y abandona la reconstrucción del castillo por no estar suficientemente fortificado todavía como para hacer frente a la alfeiza musulmana.

Al- Mundir vuelve de nuevo al año siguiente con otra alfeiza a pasar por aquí, pero la Crónica Albeldense nos cuenta que al pasar por Castrojeriz pasó de largo, pues lo encontró guarnecido.

Podemos considerar esa fecha  del año 883 como un hito histórico documentado para estos territorios de la comarca de Castrojeriz, pues no hay ya noticias de más despoblamiento a partir de esa fecha a causa de otras alfeizas musulmanas.

Fortificado el cerro de Castrojeriz y reconstruido su castillo sobre sus ruinas romanas y visigodas, los territorios a su sombra fueron definitivamente repoblados y afianzados sus asentamientos. Por cualquiera de los municipios que nos rodean tenemos noticias de antiguos poblamientos hoy desaparecidos.

 

muro oeste del castillo de castrojeriz con sillares romano-visigodos en su base

 

Varias son las causas de la desaparición de esos poblamientos. Así, las pestes del siglo XIV pudieron tener una gran influencia en ese fenómeno, pues hasta un tercio de la población desapareció en el transcurso de muy pocos años. Incluso simplemente un reagrupamiento de población entorno a otro núcleo con mejores posibilidades y recursos pudo hacer desaparecer esos pequeños poblamientos aislados. Lo mismo sucedió tras dar fueros u otras cartas-pueblas a las villas de Castrojeriz y Astudillo, produciéndose reagrupamientos en estas villas, más favorecidas por esos fueros .

En Villalaco desaparecen antes del siglo XIV los poblamientos de Alcocero, Vascones y Cellestes, que en su término municipal actual tuvieron allí su asentamiento. Estos poblamientos son los citados en el Documento LXX de Unión del Monasterio de San Miguel de Valbuena con Cardeña.  Ver lo referente al artículo  sobre el Monasterio de San Miguel de Valbuena en http://villalaco.net/web/?p=740 .

En cuanto a Alcocero, es significativa la analogía de este nombre con el de Alcocero de Mola, pueblo todavía existente al norte de la provincia de Burgos, en el valle de Oca, territorio Bárdulo, pues algunos autores sostienen la teoría de que los repobladores de estas tierras de Castilla provinieran de la zona de los Montes de Oca o antigua Bardulia.

La necrópolis de Alcocero, encontrada en el transcurso del entubamiento de la reguera, contiene enterramientos donde las tumbas se han realizado con lajas: piedras planas y abundantes en la zona y dispuestas de forma vertical, realizando el contorno de la tumba. Otras lajas dispuestas de forma horizontal servían para tapar el cerramiento superior. Su orientación es noreste-suroeste, lo cual distingue esta necrópolis de forma expresa del resto de enterramientos de esta época, que mantienen la dirección habitual o canónica este-oeste.

La necrópolis la han datado como plenomedieval, entre los siglos XI y XIII, sin embargo la práctica de este tipo de enterramientos de lajas se venía realizando ya desde época visigoda.

Como anteriormente hemos descrito, el origen de este poblamiento está en las corrientes migratorias que llegan a estas tierras entorno al año 850, sin descartar que pobladores visigodos pudieran haber subsistido aquí, refugiándose en los páramos boscosos de los entornos ante incursiones enemigas, incluso que el asentamiento tuviera un origen celta o prerromano, o también un posible asentamiento romano en esta orilla del Pisuerga.

En el Museo Arqueológico de Palencia se conserva el famoso anillo de broce de origen visigodo (es así como allí se expone en una vitrina), recogido durante las excavaciones arqueológicas en el término de Villalaco del Salero durante el verano de 1976. Es una de las pocas piezas arqueológicas de época visigoda recogidas en este museo. Haremos un capítulo especial para este tema no tardando.

Diversos restos arqueológicos y otras huellas atestiguan y confirman asentamientos visigodos a las orillas del Pisuerga entre Astudillo y Herrera de Pisuerga.

Por otro lado, la orientación de las tumbas de la necrópolis excavada en el término del pago de Támara parece delatar un arcaísmo propio más bien de época visigoda, saliéndose de la norma canónica establecida para los enterramientos plenomedievales, que son de  orientación este-oeste, como dijimos anteriormente. (4)

La ausencia de registro  alguno en Villalaco de alguna iglesia, parroquia, capilla u oratorio en la conocida “Estadística de la Diócesis de Palencia” mandada hacer por el obispo de Palencia don Basco en el año 1345, referente a Alcocero permite asegurar que este poblamiento ya estaba desaparecido en el siglo XIV. Por el tipo de restos cerámicos encontrados en los enterramientos de Alcocero,  podemos también dar por desaparecido este poblamiento en esa fecha. (5)

Sin embargo, en el año 972, fecha en la que se documenta la existencia de Alcocero (“ … et fingit in aqua pro directe, et transeat aqua per via, que vadit ad Alcocero, ipsoque abtero, et reventitur ad Aquilone per Villalaco populatione …”), no parece existir poblamiento alguno en Valbuena de Pisuerga según el deslinde anotado en este documento. Ver lo referente al artículo  sobre el Monasterio de San Miguel de Valbuena en http://villalaco.net/web/?p=740 .

Es muy poca la distancia entre estos dos términos, Alcocero y Valbuena de Pisuerga, tan solo separados por el rio Pisuerga por la zona donde desemboca el arroyo del Prado. El río se puede vadear y Valbuena pudiera tener su origen en la reinstalación o reagrupamiento de esta población de Alcocero sobre una elevación del terreno que permite, por la situación geográfica de los valles anejos, recibir más horas de luz solar directa, tanto en el amanecer como en el atardecer. Esto no llega más allá de ser una mera conjetura, pues la falsedad o más bien interpolación del documento de Cardeña, impide asegurar nada al respecto con total seguridad.

La palabra Alcocero parece tener un orígen árabe: “Al Quasayr“, nombre árabe que significa “El Palazuelo”, que deriva de otra palabra árabe, “Al-Qasr” que significa “Alcázar”. Lo cual también nos podía hacer referencia a que algún tipo de Casa Fuerte hubiera estado ubicada en este término y cuyos fundadores pudieran haber tenido un orígen árabe.

Otro capítulo de la historia de los primeros momentos de la repoblación de estos territorios es el que trata de los mozárabes como repobladores de Castilla.

Los mozárabes fueron aquellos cristianos hispano-romanos o hispano-visigodos que subsistieron bajo el dominio musulmán en los territorios hispanos por ellos dominados. Conocido es que movimientos migratorios de mozárabes se producen desde la hispania musulmana a los territorios despoblados de Castilla a mediados del siglo IX, coincidiendo con el fenómeno repoblador norte-sur que desde la montaña cántabro-palentina se produce en la primera mitad del siglo IX.  Por ello no podemos descartar que a finales del siglo IX, coincidiendo con la restauración y fortificación de las ruinas del castillo de Castrojeriz, se asentaran también por estas tierras cristianos provenientes de la hispania musulmana, que a consecuencia de la crisis sociales y económicas que produjeron la subida de impuestos a los mozárabes por los califas Omeyas de Córdoba, tuvieran que emigrar a territorio cristiano buscando mejores condiciones de vida y evitando su completa islamización.

Estos mozárabes trajeron consigo su cultura y su arte, que fue una síntesis de la cultura musulmana y la hispano-visigoda, con influencias del arte califal de Córdoba e incluso bizantino reinantes todos en aquellos tiempos. Una auténtica fusión de estilos.

La curiosa orientación de las tumbas de la necrópolis de Alcocero pudiera tener aquí también su explicación buscando su relación con estos repobladores mozárabes. Todo un reto aclarar estos enigmas.

En cualquier caso, determinar el origen de esta necrópolis es complicado sin más datos que los escasos recogidos en esta excavación. También es cierto que medios técnicos existen para llegar al pleno conocimiento (análisis de ADN de los restos humanos y comparación con otras etnias, excavación completa de la necrópolis…) Lo que hoy en día no existen son recursos económicos suficientes para ello, ni siquiera un mínimo interés por el estudio en profundidad de las diversas necrópolis de tiempos de la repoblación.

Estos yacimientos, que olvidados y expoliados abundan por todos estos territorios entorno al rio Pisuerga desde casi su nacimiento, son los que podrían dar algo de luz a esos oscuros años del siglo IX cuando se ropoblaron estas tierras.

En cuanto a los enterramientos de lajas de época plenomedieval, éstos se realizaban en los entornos y a muy poca distancia de una iglesia o ermita. La curiosidad de la dirección noreste-suroeste de estos enterramientos del Pago de Támara nos podrían llevar a situarlos en épocas muy arcaicas, anteriores a la norma canónica de enterramiento este-oeste por un lado, o bien, más significativo e intrigante es que su dirección apunta directamente al desaparecido Monasterio de San Miguel de Valbuena, como si alguna relación tuvieran estos enterramientos con ese monasterio que se encuentra al otro lado del rio, no a mucha distancia.

El poblamiento de Alcocero debió ser pobre y sin recursos materiales y esta es la causa de que no queden restos visibles de construcciones solidas capaces de soportar el paso del tiempo. No es de extrañar esto en los tiempos de la repoblación y posteriores: muy pocos ejemplos de construcciones entre los siglos IX y XI se conservan hoy en día. Podemos imaginar la situación económica y de salubridad de estos primeros pobladores, que no disponían apenas ni de herramientas con las que construir o labrar la tierra. La actividad industrial y comercial prácticamente desaparecida. Primeramente con la total destrucción del mundo hispano-romano tras las invasiones bárbaras, y más tarde la destrucción del mundo visigodo, con el despoblamiento originado por la invasión musulmana, escaseando herramientas, arados y otros utensilios de la vida cotidiana.

Entre las piedras desenterradas durante la excavación arqueológica y allí abandonadas, se vieron  varias estelas con marcas cristianas, las cuales no fueron inventariadas y allí quedaron amontonadas. Las marcas realizadas  en una de las caras de las estelas son cruces, pero éstas no se han tallado ni grabado con herramienta metálica, ni con ningún utensilio propio de cantería o de construcción, sino con alguna piedra de cuarzo de las que mucho abundan en el río, de mayor dureza que la piedra caliza de las lajas de las estelas. Estas cruces se realizaron por desbaste de una piedra sobre otra hasta conseguir que quedaran marcadas.

Restos cerámicos esparcidos entre las tumbas de lajas y después tapados tras la excavación, dan cuenta también de los utensilios de los extinto pobladores de Alcocero. Algunos fragmentos de cerámica aparecieron en el nivel de franja gris en el que estaban situadas las tumbas. Entre ellos algunos de tradición árabe como más abajo se muestra, que allí mismo fueron después de nuevo depositadas.

 

 

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Vista de la orientación de las tumbas noreste-suroeste con las ruinas del monasterio de San Miguel al fondo y al otro lado del rio

 

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Zanja para el entubamiento atravesando la necrópolis. Obsérvese la franja gris

en ambos laterales de la zanja a la altura del nivel de los enterramientos.

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Zanja. Villalaco al fondo a la derecha

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Restos óseos en el interior de una tumba de lajas

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Tumba de lajas

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Estela 1

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Estela 2

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Borde de cazuela de cerámica, de cocción oxidante en el exterior y reductora en el interior. Pasta con calcita como desgrasante, muy rugosa, y superficies quemadas por efecto del fuego. Recogido en la zanja en el nivel de la franja gris de las tumbas.

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Fragmento de cerámica cristiano-mudejar s.XIII con base de engobe blanquecino y decoración con óxido de cobre. Cerámica tipo verde-manganeso

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(1) Catastro Marqués de la Ensenada. Dirección General de Rentas. Archivo general de Simancas. Respuesta a la pregunta 17: “Minería y Manufactura”:   “…. Otro intitulado el molino de tamara propio de esta villa de tamara el que está distante de estta de villalaco un quarto de legua, con tres ruedas y muelas correspondientes que anualmente se arrienda en quarenta y quatro fanegas de trigo que ascienden a quatrozientos y ochenta y quatro reales de vellón.”

(2) “Los Annales Castellani Antiquiores y Annales Castellani Recentiores”. Jose Carlos Martín. Universidad de Salamanca. Pagina 24:    “a. 814. 3-   In era dccclii. exierunt foras montani de Malacoria et uenerunt ad Castella”. Que traducido queda:  ” En la era 852ª salieron fuera los montañeses desde Malacoria y llegaron a Castilla”. La traducción de principios del siglo XX (…salieron los foramontanos desde Malacoria…) queda hoy en día obsoleta, atribuyendose a la palabra “foramontano” una invención y la localización de Malacoria en Mazcuerra (Cantabria) un infundio. A pesar de ello, podemos seguir utilizando la mal acuñada palabra de foramontanos para designar a aquellos repobladores que sin duda salieron de las montañas palentinas para iniciar la repoblación de estas tierras, la llamada Reconquista, aunque sus inicios hayan sido más bien una cuestión de necesidad. Dice don Gonzalo Martínez Díez refiriéndose a esta polémica y refiriéndose a los Anales aquí citados (El condado de Castilla…,  vol. 1, p. 128), que ve en la llegada de estas gentes un movimiento de repoblación al tiempo que de afianzamiento de las defensas del norte de Burgos, pues ello se adecua mejor al contenido general de estos anales.

(3) “Crónica Albeldense”, ed. Gil Fernandez, pp 176-177. Crónicas asturianas, Universidad de Oviedo (Publicaciones del Departamento de Historia Medieval, 11), 1985. “…Didacus filius Ruderici erat comes in Castella. Castrum quoque Sigerici ob aduentu Sarracenorum Munnio filius Nunni heremum dimisit, quia non erat aduc strenue munitus…”  y  “…Didacus comes erat. Dehinc castellum Sigerici munitum inuenit, sed nicil in eo egit Agustoque mense ad Legionenses terminos accessit…”

(4) “Características generales del poblamiento y la arqueología funeraria visigoda de Hispania”. Gisella Ripoll López. Espacio, Tiempo y Forma, S. I, Prehist. y Arqueol., t. 2, 1989, págs. 389-418. De la orientación norestete-suroeste de las tumbas de esta necróplolis de Alcocero, se observa que los pies están hacia el noreste y la cabeza al suroeste, de manera que al levantarse de la tumba quedarían mirando al desaparecido monasterio de San Miguel de Valbuena, perteneciente a la Abadía de San Pedro de Cardeña.

(5) “La más antigua estadística de la Diócesis Palentina”. J. San Martín. 1951. Publicaciones de la Institución Tello Téllez de Meneses Nº 7, pág: 1-122. ISSN 0210-7317.

2 comentarios

 1 

Interesantísimo. Enhorabuena por el análisis y por tomaros tiempo para descubrir vuestro pasado, que es el de común de todos.

Diciembre 10th, 2014 at 19:33 pm
César de Miguel Santiago
 2 

Precioso. Soy nativo de Torquemada y vivo en Bilbao, pero me interesa este tema tan bien tratado aquí de la repoblación. Enhorabuena y gracias por vuestro esfuerzo. Agradecería cualquier aportación bibliográfica o de Internet a esta parte de nuestra historia. Y me ha interesado -por desconocido- la aportación mozárabe en el repoblamiento de aquellos tiempos. Gracias de nuevo.

Febrero 9th, 2016 at 12:31 pm

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